
En la compleja partida de ajedrez diplomático que juegan México y Estados Unidos, hay una pieza que amenaza con derribar todo el tablero: Cuba, un régimen que lleva más de seis décadas aferrado al poder sin elecciones libres, sin prensa independiente y sin rendirle cuentas a nadie.
Y es precisamente la lealtad de México hacia ese régimen lo que se ha convertido en el punto de fricción más peligroso entre las administraciones de Claudia Sheinbaum y Donald Trump. Un artículo de PBS abordaba el tema este martes, colocando a Cuba como uno de los obstáculos más notables en las relaciones de ambos países.
Solidaridad con Cuba: ¿Lealtad histórica o complicidad ideológica?
La solidaridad mexicana con La Habana no es nueva. Se remonta a la Revolución Cubana, que Castro y el Che Guevara planearon desde suelo mexicano. Para Morena, el partido de Sheinbaum, Cuba es un símbolo sagrado. Pero cabe preguntarse: ¿solidaridad con quién exactamente?
Dentro de Cuba, las voces críticas creen que esa solidaridad no es con el pueblo, sino con una élite gobernante que instrumentaliza la retórica antiimperialista para justificar su permanencia en el poder. Cuando la solidaridad se dirige al régimen y no al pueblo, deja de ser principio y se convierte en complicidad.
Trump lanza el ultimátum: petróleo o aranceles
Cuando Trump anunció a finales de enero que impondría aranceles a cualquier país que exportara petróleo a Cuba, el mensaje fue inequívoco: hay que elegir bando. Y aunque Sheinbaum suspendió a regañadientes los envíos de crudo, no dejó de declarar que México tiene pleno derecho a enviar combustible a Cuba por razones humanitarias o comerciales.
La presidenta calificó el bloqueo energético de “injusto” y acusó a Washington de “asfixiar” a los cubanos con sanciones. Pero conviene recordar que la asfixia del pueblo cubano no empezó con las sanciones estadounidenses: empezó con un modelo económico que destruyó la iniciativa privada, centralizó toda la riqueza en manos del Estado y convirtió a una isla fértil y estratégica en un caso crónico de escasez.
Médicos cubanos: ¿cooperación humanitaria o exportación de mano de obra cautiva?
Sheinbaum anunció que México mantendrá a médicos cubanos trabajando en su territorio, desafiando la presión estadounidense que ya logró que otros países cancelaran programas similares. La administración Trump respondió con restricciones de visa a funcionarios vinculados a lo que Marco Rubio calificó como un “plan de trabajo forzoso”.
Y aquí la crítica tiene fundamento: múltiples organizaciones de derechos humanos han documentado que los médicos cubanos enviados al exterior trabajan bajo condiciones de explotación, con salarios confiscados en gran parte por el Estado cubano y restricciones severas a su libertad de movimiento. Llamar a esto “cooperación” es, cuando menos, un eufemismo generoso.
La estrategia de Sheinbaum: conceder aquí, resistir allá
Según analistas como Carin Zissis, vicepresidenta de estrategias de contenido para el Consejo de las Américas, Sheinbaum apuesta por una estrategia de concesiones selectivas: ceder en migración y seguridad para ganar margen en temas simbólicos como Cuba.
La coyuntura energética podría favorecerla, ya que el aumento de precios por el conflicto con Irán ha incrementado la dependencia de EEUU respecto a México como socio petrolero. Pero el margen es estrecho.
El T-MEC: el precio real de defender al régimen cubano
Como advirtió el exembajador Arturo Sarukhan, Sheinbaum debe cuidarse de no poner en riesgo las renegociaciones del T-MEC. Y aquí está la pregunta incómoda que nadie en Morena quiere responder: ¿vale la pena arriesgar un tratado comercial que sostiene millones de empleos mexicanos por defender a un régimen que ni siquiera permite a sus propios ciudadanos elegir a sus gobernantes?
Cuba: un lastre ideológico con consecuencias reales
Cuba no es el mayor problema práctico entre México y EEUU (los aranceles, la migración y el fentanilo tienen impactos más inmediatos), pero es el más difícil de resolver porque toca fibras ideológicas que ningún gobierno quiere soltar.
Trump necesita demostrar dureza contra La Habana para su base en Florida. Sheinbaum necesita demostrar solidaridad latinoamericana para la suya. Y en medio de ambos, el pueblo cubano sigue siendo el gran ausente de una conversación que supuestamente se libra en su nombre.
Mientras México siga confundiendo solidaridad con un pueblo y lealtad a un régimen, Cuba seguirá siendo no solo un obstáculo diplomático, sino un lastre moral que debilita la posición de quien dice defender los derechos humanos.

