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PERIÓDICO CUBANO

Sin mangos, no hay compotas

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Sin mangos, no hay compotas

Las imágenes muestran el desinterés de las autoridades del Ministerio de la Agricultura

Pedro Pérez es mi tío político, un campesino de 67 años que ha dedicado su vida al trabajo agrícola en la pequeña localidad de Mayajigua, municipio de Yaguajay, en Sancti Spíritus.

Este pueblo, según contaban mis abuelos, era próspero en demasía. Desde un taller de guaguas con toda la flota en uso y muy confortables, hasta carnicerías con todos sus cortes, bodegas con productos en buen estado, farmacias con dispensarios completos y sin escasez, atelier, fotografía, el balneario más codiciado al que en su tiempo llegaban los aviones y aterrizaban las familias procedentes de Miami para degustar el sabroso desayuno de los Berrayarsa, en San José del Lago.

A pesar de que cuando nací ya quedaba poco, Mayajigua tenía muchos encantos, destrozados hace 60 años desde que Fidel Castro triunfó su supuesta Revolución y con sus reformas y mentiras, desterró a muchos, condenó a otros, pero lo más triste: cómo sus nefastas ideas les siguen robando las esperanzas a tantas generaciones.

Mi tío Peito es otro de los que padece el cáncer del régimen cubano. Es otro ciudadano que ha entregado su vida al surco y soy fiel testigo que para ese sí no existe domingo o lunes, porque todos los días recorre 3 kilómetros en su bicicleta para recoger cada una de sus cosechas y atender sus animales con sus manos encalladas.

Las imágenes muestran el desinterés de las autoridades del Ministerio de la Agricultura (Minagri) en el municipio de Yaguajay y a cuánta instancia existe.

Aclaro, y el propio testigo lo afirma, que no es la primera vez que ocurre ni tampoco con esta única cosecha. Los tomates que tanto escasean en la Isla y que son de una sola temporada también han sido tiro al blanco de sus pérdidas.

¿Cuántas compotas se pierden aquí?, me pregunto. “Este es el tercer año que lo dejan perder”, aseguró el campesino.

Hablamos del abandono de miles de mangos, tirados en el suelo, contaminados con bichos y ya podridos, pues ‘acopio municipal’ no ha dispuesto los recursos para cumplir con su contrato y recogerlos.

Cabe cuestionar cuántas compotas están dejando de tomarse los niños y ancianos. Incluso, a pesar del cierre del sector turístico en Cuba, el mango es un producto altamente demandado en esas instalaciones.

A un kilómetro quedan Los Lagos de Mayajigua, a 87 kilómetros Cayo Santamaría, a 119 kilómetros la cayería norte Jardines del Rey, sitio donde el gobierno cobra altos precios en dólares a nacionales y turistas para pasar el aislamiento una vez lleguen a la Isla.

Los campesinos cubanos disponen de sus propios recursos para trabajar y se ven obligados a pagarlos muchas veces a los precios exuberantes del mercado negro o esperar que un familiar los envíe desde el extranjero. Ya se sabe que el Estado no provee en sus tiendas ninguno de los pesticidas o utensilios de trabajo.

¿A quién puede Pedro Pérez reclamar este abandono, demandar por incumplimiento o por daños económicos? ¿En Cuba pueden darse el lujo de dejar perder el mango, otra fruta o cualquier alimento por trámites burocráticos? ¿De qué productividad y autosuficiencia hablan los gobernantes del régimen?

Es triste ver que hechos como este sigan ocurriendo sin respuestas; que los funcionarios responsables se limpien las manos y que a tantos como mi tío los multen por vender cualquiera de sus productos, cosechados con amor, esfuerzo y dedicación.

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