
El estadio Calixto García Íñiguez, en Holguín, estrenará una modalidad de palcos VIP para los aficionados al béisbol, con un costo de 1.500 pesos cubanos (CUP) por persona, según información divulgada por Roberto Carlos Rodríguez Torres, comentarista deportivo y locutor de la radio local.
La propuesta incluye dos salas ubicadas en la parte alta de la instalación (en las cabinas adjuntas a las transmisiones radiales y televisivas), servicio gastronómico personalizado y acceso especial al equipo local media horas antes y después de los partidos.
El anuncio generó un amplio debate en redes sociales, donde usuarios cubanos dividieron criterios entre quienes ven la medida como una alternativa de recaudación para el deporte y quienes la consideran una señal de exclusión en medio de la crisis económica que atraviesa el país.
La modalidad contempla dos salas VIP con vista panorámica al terreno. Cada espacio tendrá capacidad para tres o cuatro personas, lo que busca ofrecer una experiencia más reservada y diferenciada para quienes puedan pagarla.
La entrada se realizará por la puerta del Museo Provincial del Deporte una hora antes del inicio, con un recorrido guiado como parte de la experiencia ofrecida a los aficionados.
El precio de 1.500 CUP por persona se convirtió en el principal punto de discusión. Aunque la propuesta fue presentada como una opción para vivir el béisbol de una manera distinta, muchos usuarios señalaron que el costo resulta elevado para una parte importante de la población cubana, especialmente para quienes dependen de salarios estatales, pensiones o ingresos fijos.
Entre los comentarios favorables, algunos usuarios defendieron la iniciativa como una vía para modernizar el espectáculo deportivo. Argumentaron que en otras ligas existen áreas preferenciales, servicios exclusivos y experiencias diferenciadas para quienes desean pagar más.
Desde esa perspectiva, el palco VIP no sustituye la entrada tradicional, sino que agrega una nueva opción para un público específico.
Otros defensores señalaron que el proyecto podría convertirse en una fuente de ingresos para el estadio. Mencionaron posibles mejoras en iluminación, mantenimiento de la instalación, estímulos para los atletas y generación de empleos vinculados al servicio.
También propusieron sumar ventas de alimentos, bebidas o artículos promocionales del equipo para aumentar la recaudación.
Las críticas, sin embargo, fueron insistentes. Varios usuarios cuestionaron que un servicio estatal ofrezca una experiencia de 1.500 CUP por persona en un contexto donde jubilados, trabajadores estatales, maestros, médicos y obreros enfrentan severas limitaciones económicas.
Para ese sector, la medida refleja una brecha creciente entre quienes reciben remesas o manejan negocios privados y la mayoría asalariada.
Otra preocupación recurrente fue la falta de claridad sobre el destino de los ingresos. Algunos comentaristas preguntaron si el dinero recaudado se revertirá en mejoras visibles para el estadio o si quedará absorbido por la gestión estatal sin resultados concretos.
La desconfianza aparece en un contexto donde muchas instalaciones deportivas muestran deterioro, falta de mantenimiento y escasos recursos.
También hubo críticas sobre la calidad de los espacios habilitados. Algunos usuarios describieron las cabinas como improvisadas, incómodas y poco atractivas para justificar el pago.
Otros respondieron que se trata de una opción voluntaria y que nadie está obligado a pagarla. Aun así, el debate no se cerró, porque la polémica va más allá del béisbol.

