
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que el comunismo es “la peor amenaza” para su país desde la Segunda Guerra Mundial, comparándolo con acontecimientos como el ataque de Pearl Harbor y los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Así lo afirmó a través de su propia red social, Truth Social. Más tarde, al pronunciar un discurso ante la Faith and Freedom Coalition en Washington D.C., Trump vinculó esa postura con debates internos recientes sobre políticas progresistas y programas sociales.
La publicación, firmada con su nombre completo y difundida ampliamente entre sus seguidores, apareció pocos días después de acontecimientos políticos ocurridos en Nueva York que el mandatario interpretó como señales de un supuesto avance de ideas de izquierda dentro del país.
Entre ellos mencionó el crecimiento político de sectores progresistas en Nueva York, donde ha hecho enemistad con el alcalde Zohran Mamdani por su visión humanista en favor de las minorías y las poblaciones vulnerables, y alertó sobre medidas relacionadas con el congelamiento de alquileres para más de un millón de personas.
Trump afirmó que considera al comunismo una propuesta fácil de presentar a los ciudadanos porque, según planteó, ofrece beneficios inmediatos como viviendas, alimentos y servicios gratuitos, como el seguro médico universal que los estadounidenses exigen desde hace tiempo.
Sin embargo, sostuvo que ese modelo terminaría provocando el deterioro económico y social de cualquier nación donde fuera aplicado.
Durante su intervención ante una audiencia de orientación cristiana conservadora, el mandatario también relacionó el tema con asuntos religiosos y afirmó que los sistemas comunistas persiguen la fe y atacan las libertades religiosas.
La postura forma parte de una estrategia que no es nueva dentro de su administración. En noviembre de 2025, el gobierno proclamó una Semana Anticomunista y sostuvo que esa ideología había sido responsable de millones de muertes en distintos países.
En política exterior, la administración Trump ha aplicado medidas dirigidas contra Cuba. Entre ellas figuran órdenes ejecutivas y nuevas sanciones económicas contra funcionarios y entidades vinculadas al gobierno de la isla.
Las declaraciones también llegan en un momento en el que Trump ha endurecido su discurso hacia La Habana y ha llegado a sugerir posibles acciones directas contra la isla, incluso mencionando escenarios de intervención militar.
Recientemente volvió a mencionar a la Isla como amenaza del avance del comunismo en la región y afirmó que podría “hacer algo” con Cuba y habló de una posible actuación estadounidense en el país, que los cubanos dentro y fuera de la Isla llevan meses rogándole que lleve a cabo.
Ese discurso ha mantenido apoyo entre parte del exilio cubano y algunos sectores migrantes, incluso cuando las políticas migratorias impulsadas por su administración han generado deportaciones y restricciones que han afectado a miles de cubanos que buscaban permanecer o ingresar legalmente a EEUU.
No obstante, gobiernos de distintos países han señalado como la mayor causa de inestabilidad global actual las acciones recientes de Washington y de Israel, que han incrementado tensiones en varias regiones del mundo, principalmente en Medio Oriente.
La administración estadounidense rechaza esas interpretaciones y sostiene que sus acciones responden a intereses de seguridad nacional, mientras responsabiliza a movimientos de izquierda latinoamericanos de varios problemas regionales, lo que ha enemistado a EEUU con países como México, Colombia y Brasil.