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La vida marcada por el activismo y persecución de Teresa Miranda

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La vida marcada por el activismo y persecución de Teresa Miranda

Desde que decidió luchar por los derechos humanos en Cuba, ha vivido hostigada por el régimen, pero además, el destino de su familia en los EEUU no es diferente

Cuando exigir los derechos humanos en Cuba es un delito

Para la población, reclamar los derechos humanos en Cuba tiene fatales consecuencias: la detención y persecución  (INTERNET)

Teresa Miranda Céspedes es una activista opositora declarada, sufrió persecución y represión junto a su familia, actualmente vive Guaro, una localidad del municipio de Mayarí, provincia de Holguín.

Es considerada un ejemplo de mujer valiente, que ha logrado superar todas las dificultades que se enfrentan en un país en crisis, y donde lucha día a día por una Cuba mejor, reseña el portal de noticias Havana Times, que le realizó una amplia entrevista.

Miranda pertenece al Movimiento Corriente Martiana, liderado desde La Habana por Moisés Leonardo Rodríguez. Recuerda que en el año de 2015 perdió a su hermano por una negligencia médica, y ese hecho fue lo que la marcó para entender que en ese país “vale más una vaca que una persona”. 

“A partir de ahí me conecté con la oposición, me volví una disidente y no he parado de denunciar cualquier violación de los DDHH del que tenga noticia”.

La activista indica que ha sufrido hostigamiento, al igual que su familia, que también es opositora.

“Han tratado de quebrarme más a través de ellos que por mí.  Mi yerno, por ejemplo, estaba arreglando la casa y aunque los materiales eran legales vino la policía queriendo implicarlo en un supuesto delito de receptación, relacionado con acero. Por suerte, pudimos probar la falsedad, porque para su sorpresa teníamos los papeles. Aun así, se lo llevaron esposado y lo tuvieron 24 horas detenido en una celda”.

La luchadora por los derechos humanos explica que en una ocasión su familia quiso ir a Guayan, en septiembre de 2018, para comprar algunas cosas para los 15 años de su nieta, y que al igual intentaron traer otra mercadería, para iniciar un negocio que les ayudara a  sobrevivir.

“Pero ya en el aeropuerto no le permitieron a mi hija salir. Dijeron que estaba regulada, por supuesto por el activismo. Perdió mucho dinero, por eso cuando le suspendieron la regulación decidieron irse del país y emigrar por Centroamérica y México hasta los Estados Unidos”.

Lamenta la partida de su familia, ya que le gustaría que estuvieran con ella, acompañándola, pero que no tenían otra opción para prosperar, sobre todo al tener dos hijas que mantener.

“La pobreza y la impotencia de los padres es mayor. Y la conciencia de que, si para el resto está difícil ganarse el sustento, es mucho peor para alguien que está siendo perseguido por el régimen. Se cierran todos los caminos”, dijo.

Miranda menciona que todo ese acoso comenzó cuando participó en el proyecto opositor llamado “Consulta Popular Cubana”, que incluía la recolección de firmas para presentarlas al Gobierno cubano.

“La acción estaba apoyada por la Declaración Universal de Derechos Humanos, y en el artículo 66 de la anterior Constitución, que supuestamente daba el derecho a presentar peticiones y quejas a las autoridades”.

Sin embargo, mencionó la activista, que la Seguridad del Estado detectó la iniciativa y así  comenzó el calvario.

“Mi hija y su esposo, que eran colaboradores fueron citados a la policía por la Seguridad del Estado. Los amenazaron hasta con sus hijas, que no podrían criarlas si continuaban en el activismo. Fue horrible”, recordó.

Otra de las situaciones que lamenta Teresa Miranda Céspedes, es la que vive su hija y su familia, que actualmente están en Luisiana, Estados Unidos, porque su situación migratoria no se ha resuelto. “Allí no han sido bien tratados, todo lo contrario”.

“La realidad es que con todos los cambios que ha sufrido la política migratoria estadounidense los cubanos que verdaderamente califican para un asilo político están mezclados con otros que tienen motivaciones más bien económicas, aunque claramente provocadas por el sistema, y son tratados igual”.

Indica que en ese país han sufrido. “Les han dicho que en Cuba ya no hay una dictadura, porque el presidente no es de apellido Castro. Allá, aunque hay democracia y libertad, también hay células de la dictadura en algunos estados, incluso políticos simpatizantes con el sistema cubano o que simplemente odian a los inmigrantes. Es triste, pero es la realidad”.

Finalmente, expresa que sigue luchando por una Cuba libre y democrática. Actualmente continúa recolectando firmas para otra iniciativa relacionada con la producción de alimentos.

“Ya me han amenazado nuevamente con el delito de sedición y con quitarme la custodia de mis nietas, mientras mi hija y yerno estén en el exilio. Pero nada me detendrá y ellos lo saben. Confío en Dios, solo él puede darme fuerzas para seguir y ayudar a todos los cubanos a derrocar esta tiranía diabólica”.

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