
El mercado inmobiliario en Cuba sigue con un exceso de oferta todos quieren vender para salir de la Isla. Sin embargo, los precios están muy elevados para el nivel adquisitivo.
Recientemente salió a la venta un apartamento construido en la década de 1950 por 22.000 dólares, en el reparto Santo Suárez, cerca de Santa Catalina y Juan Delgado, en La Habana.
La oferta presenta la vivienda como una oportunidad por su solidez estructural, su amplitud y su estado de conservación, en un momento en que el mercado informal de inmuebles sigue reflejando la profunda desigualdad económica que golpea a Cuba.
La propiedad, ubicada en un primer piso, tiene 73.04 metros cuadrados y cuenta con balcón techado, sala, comedor, dos dormitorios, cocina, baño, pasillo interior y patio de servicio.
El anuncio en el grupo de Facebook Casas en Venta Cuba insiste en que se trata de un inmueble “listo para habitar”, con buena ventilación y una distribución funcional, atributos que suelen ser muy valorados en una ciudad donde buena parte del fondo habitacional arrastra décadas de deterioro y falta de mantenimiento.
El texto comercial resalta que el apartamento pertenece a un edificio de los años 50, levantado con muros de ladrillo y hormigón armado. Esa referencia no es menor. En Cuba, muchas edificaciones más antiguas todavía son vistas como más resistentes que buena parte de las construcciones posteriores a 1959.
Las fotos del inmueble muestran espacios claros, ordenados y conservados. En la cocina predominan los tonos blancos y crema, con azulejos brillantes decorados por una cenefa floral, una encimera amplia, fregadero doble de acero inoxidable, refrigerador blanco, cafetera, estufa y pequeños electrodomésticos.
El área transmite limpieza y funcionalidad, con una despensa visible y utensilios organizados, algo que refuerza la idea de una vivienda preparada para uso inmediato.
Los dos dormitorios mantienen una línea sencilla. Uno de ellos tiene una cama de madera tallada con colcha roja de estampado floral, mesas de noche, aire acondicionado de ventana y ventilador.
El segundo cuarto muestra una cama matrimonial con cubrecama marrón, cómoda de madera oscura con espejo y lámparas decorativas. En ambos casos predominan paredes blancas, pisos en tono crema y cortinas rojas, una combinación que aporta uniformidad a todo el inmueble.
El baño también aparece en buen estado. Tiene azulejos crema, lavabo de pedestal, inodoro blanco, espejo con gabinete y una cortina de baño con motivos de mariposas. La sala-comedor, por su parte, presenta muebles tapizados en beige y crema, mesa oscura con sillas negras, lámparas de techo y una barra abierta hacia la cocina.
El dólar en el mercado informal se cotiza por encima de 500 pesos cubanos (CUP) cuando el salario mínimo mensual es de 2.100 CUP. Bajo esa referencia, los 22.000 dólares equivalen a más de 11 millones de pesos cubanos, una cifra que deja la compra fuera del alcance de un trabajador estatal promedio.
Llevado al salario mínimo, el precio de la vivienda representa más de 5.200 meses de trabajo, es decir, más de 436 años de ingresos completos sin destinar un solo peso a comida, transporte, medicinas o servicios básicos.
Esa comparación retrata con crudeza el abismo entre el valor del mercado inmobiliario y la capacidad real de compra dentro de Cuba, donde el acceso a una vivienda de este tipo depende casi siempre de remesas, ahorros en divisas o capital acumulado fuera de la Isla.

