
Una propiedad en el corazón de la ciudad de La Habana se promociona en redes sociales como una “oportunidad económica” pues se vende por “solo” 17.000 dólares.
El apartamento, ubicado en un edificio de estilo Art Decó construido en 1940, se encuentra en el primer piso de un inmueble de solo tres pisos. Con una superficie de 82 m², la vivienda consta de un balcón a la calle, una sala-comedor, cocina, pasillo interior, tres dormitorios y un baño.
El precio de la propiedad, que en términos de la moneda nacional equivaldría a casi siete millones de pesos cubanos (CUP), es considerablemente alto en relación con los ingresos promedio de los cubanos.
Según el tipo de cambio oficial, un dólar estadounidense equivale a 41 CUP. Dado que el salario medio en Cuba ronda los 6.000 CUP mensuales y el salario mínimo es de 2.100 CUP, adquirir este apartamento representaría un desafío económico significativo.
Actualmente, en Cuba no existen opciones de crédito hipotecario ofrecidas por los bancos nacionales. Esta es una de las principales barreras para los cubanos interesados en comprar propiedades. A pesar de que la Constitución cubana establece la posibilidad de adquirir y vender bienes inmuebles, las opciones de financiamiento son nulas, ya que todos los bancos cubanos que son propiedad del Estado no otorgan préstamos hipotecarios.
Si bien algunos cubanos en el extranjero consideran la compra de propiedades en Cuba como una forma de reconectar con su país natal, la situación económica de la isla plantea varios riesgos.
Ante esta situación, muchos cubanos recurren a sus familiares y amigos en el extranjero para obtener el dinero necesario para adquirir una vivienda. Estos recursos provienen generalmente de remesas, que, aunque son una fuente vital de sustento para muchas familias, no siempre son suficientes ni constantes.
La escasez de alimentos, productos básicos y combustible, combinada con apagones de hasta 20 horas diarias, ha deteriorado la calidad de vida. La falta de un sistema de transporte eficiente y la ausencia de opciones de crédito hipotecario son obstáculos adicionales para los interesados en adquirir una propiedad.
Además, la inestabilidad política y la creciente desigualdad social generan incertidumbre sobre el valor a largo plazo de las propiedades en la isla. La concentración de la riqueza en sectores específicos y la ola de violencia y robos han convertido a muchos de los barrios habaneros en áreas de alto riesgo. Estas condiciones dificultan aún más la decisión de invertir en bienes raíces en Cuba, especialmente para quienes se ven atraídos por la idea de un regreso a sus raíces.

