
El caso del triple asesinato de la familia Lam en Santa Clara ha tomado un nuevo rumbo con la supuesta cooperación de un joven señalado como vigilante del grupo delictivo implicado en el robo y posterior homicidio de las tres personas en el interior de la vivienda.
Según informó la cuenta de Facebook Nio Reportando un crimen, el hecho ocurrió en el barrio de Polipalo de esa central ciudad durante la madrugada del 30 de marzo en medio de un apagón. El nuevo testimonio apunta a esclarecer cómo se ejecutó el crimen y quiénes habrían participado en él.
De acuerdo con esa versión, el hombre no entró a la vivienda ni fue quien ejecutó directamente el ataque. Su tarea era mantenerse subido en una mata de mango para avisar a los demás integrantes de la banda si detectaba algún movimiento extraño en los alrededores.
Esa función lo coloca como una pieza clave dentro de la estructura delictiva y, al mismo tiempo, como una fuente de información para los investigadores.
La información difundida sostiene que el vigilante integraba una banda de ladrones que llegó a la casa con un objetivo preciso: buscar un dinero que, presuntamente, José Lam, conocido por vecinos como “el Chino”, guardaba en una caja metálica de herramientas.
Según el mismo testimonio, mientras el joven vigilaba desde el árbol, otras dos personas permanecían en techos de viviendas cercanas al patio de la familia.
Esa distribución sugiere una acción planificada, con funciones definidas para cada participante. No se trataría, por tanto, de un robo improvisado, sino de una operación coordinada en la que cada movimiento buscaba reducir riesgos y controlar la escena.
José Lam era conocido en la comunidad por vender productos al menudeo por lo cual creyeron que tenía dinero. La hipótesis de que los atacantes no actuaron al azar y que iban detrás del dinero es que en la vivienda no se robaron nada más, incluso, los celulares de las víctimas no fueron sustraídos.
Otro de los elementos que sobresalen en el relato es la posibilidad de que las víctimas conocieran a quien llegó a la casa. La hipótesis parte de una idea simple: José Lam difícilmente habría abierto la puerta en plena madrugada, en un contexto de apagón, a alguien desconocido.
La familia Lam era conocida en la comunidad como gente trabajadora. Según la información difundida, se dedicaban a vender maíz, café y otros productos.
Coralia, esposa de José Lam, padecía Parkinson y estaba postrada en una silla de ruedas tras una fractura de cadera, mientras su hija Taimí asumía gran parte del cuidado del hogar. A los tres los asesinaron.


Es bueno , nos mantiene informado sobre los acontecimientos en cuba.