
Una libra de pollo en 800 pesos, seis huevos en 960 y una bolsa de leche que alcanza los 5.500 pesos son algunos de los precios que enfrentan actualmente los consumidores en La Habana, precios de lujo en medio de una de las peores crisis económicas que ha atravesado el país.
La lista fue publicada por la usuaria cubana Dalma Rosell Marrero, residente en el reparto Guiteras, en Habana del Este, y expone cómo la falta de alimentos y la pérdida de valor del peso cubano están llevando productos básicos a precios cada vez más difíciles de asumir para los hogares.
El problema no se limita a esos productos. Rosell Marrero también señaló precios de entre 550 y 600 pesos para una libra de picadillo MDM, 500 por una libra de azúcar, 350 por arroz importado, 1.200 por una libra de cebolla y hasta 4.000 pesos por una botella de aceite. Un litro de yogur puede superar los 2.750 pesos y llegar a 4.000, según el establecimiento.
Estos valores aparecen después de que el Gobierno cubano eliminara los precios máximos para varios alimentos. En junio se aprobaron medidas económicas que cambiaron el sistema de regulación y posteriormente la Resolución 150/2026 eliminó los límites minoristas para productos como pollo troceado, aceite, leche en polvo, pastas y salchichas.
La situación ya había comenzado a reflejarse en los mercados. Periódico Cubano documentó en abril que la oferta de alimentos había aumentado en algunos puntos, pero con precios que dejaban fuera a buena parte de la población. En julio, además, el Gobierno retiró el precio máximo del arroz, que había sido fijado en 155 pesos por libra.
El resultado es un mercado donde la escasez tiene un peso directo sobre los precios. Cuando los productos desaparecen de los establecimientos estatales o llegan en cantidades insuficientes, las familias recurren a vendedores privados y al mercado informal para conseguirlos. Allí los valores dependen de la disponibilidad, los costos de importación, el tipo de cambio y la demanda.
Un ejemplo ocurrió con el pollo. A finales de julio, se documentó que un paquete de 10 libras pasó de 3.130 pesos a más de 7.000 en pocos días, después de la eliminación de los límites de precios. Ese producto, además, forma parte de las mercancías que Estados Unidos exporta legalmente a Cuba.
La inflación oficial confirma que los alimentos están entre los principales focos de presión. En agosto, el índice general aumentó 25,19% interanual, la tercera inflación más grande de América, solo detrás de Venezuela y Argentina, y entre cuatro y ocho veces mayor que el resto de los países del continente.
Por su parte, alimentos y bebidas no alcohólicas subieron 36,01%. Solo durante ese mes, esa categoría explicó el 72,77% de la variación mensual del índice.
El Gobierno cubano suele atribuir buena parte de las dificultades económicas al embargo estadounidense. Sin embargo, la normativa de Washington no establece una prohibición general sobre la venta de alimentos, medicamentos o productos médicos a Cuba.
Existen mecanismos que permiten esas operaciones bajo determinadas condiciones y autorizaciones. La propia OFAC señala actualmente que sus sanciones no están dirigidas a impedir el suministro de alimentos, medicinas o dispositivos médicos a la Isla.
Esto no significa que las sanciones estadounidenses sean irrelevantes para la economía cubana. Existen restricciones financieras, comerciales y energéticas que pueden aumentar costos y dificultar determinadas operaciones.
Pero la crisis de abastecimiento también está relacionada con la baja producción nacional, la falta de divisas, la depreciación del peso y las dificultades internas para importar y distribuir alimentos.
Mientras tanto, los nuevos billetes de 10.000 y 20.000 pesos comenzaron a circular en un país donde los salarios no han crecido al mismo ritmo que los precios.
La combinación de escasez, inflación y pérdida de poder adquisitivo deja a muchas familias dependiendo cada vez más de un mercado informal en el que conseguir comida resulta posible, pero a precios que una parte importante de la población no puede sostener.