
Inés Casal, profesora, colaboradora de medios independientes y una de las voces críticas más apreciadas dentro de la sociedad civil cubana, falleció este martes 11 de agosto de 2026 en La Habana.
Tenía más de 70 años y era madre del artista y activista exiliado Julio Llópiz-Casal. Su muerte provocó una cadena de mensajes de dolor entre familiares, amigos, exalumnos, artistas e intelectuales que durante años encontraron en sus palabras una mezcla de firmeza, lucidez y afecto.
Para muchos de quienes la conocieron o siguieron sus reflexiones, Casal fue mucho más que una crítica del sistema cubano. Se convirtió en una presencia cercana dentro del debate público, capaz de denunciar la represión, los apagones, la escasez y la pérdida de libertades, pero también de defender con especial sensibilidad a los jóvenes que comenzaron a reclamar un país diferente.
Inés Casal convirtió la defensa de los jóvenes en una causa personal
Su compromiso con las nuevas generaciones quedó reflejado en el respaldo que ofreció a los participantes en las protestas del 11 de julio de 2021 y a los artistas e intelectuales que exigieron mayor libertad de expresión. Casal veía en ellos una posibilidad de ruptura con décadas de inmovilismo político y depositó buena parte de sus esperanzas en la generación de sus hijos.
Esa convicción apareció en sus colaboraciones con la revista independiente El Estornudo. En uno de sus textos confesó que su “única esperanza” estaba depositada en esa nueva generación que había emergido para recordar que la libertad era un valor sin el cual no se podía vivir. Tras su fallecimiento, la publicación recuperó aquella crónica como forma de despedida.
Uno de los momentos que mejor definió su carácter llegó tras las protestas frente al Ministerio de Cultura en noviembre de 2020. Casal escribió entonces una carta pública al viceministro Fernando Rojas para defender a su hijo Julio Llópiz-Casal frente a las acusaciones oficiales. “Mi hijo no es terrorista, Fernando, y tú lo sabes”, escribió en una frase que quedó asociada para siempre a su figura.
Una mujer que decidió romper con el relato oficial
Casal también revisó públicamente sus propias ideas y su relación con la historia política de Cuba. Había coincidido en tres ocasiones con Fidel Castro, pero con el paso de los años terminó cuestionando la construcción oficial alrededor de su figura y denunciando las consecuencias de su prolongado ejercicio del poder.
En sus escritos sostuvo que sectores de la izquierda internacional y simpatizantes del régimen seguían alimentando una imagen idealizada del antiguo gobernante. Casal rechazó esa visión y describió un sistema marcado, según sus palabras, por la represión, la injusticia y la ausencia de libertades.
Su ruptura personal con aquellas ideas quedó resumida en una frase que volvió a circular tras su muerte: “la tristeza de comprender lo equivocados que estuvimos”. La expresión reflejaba no solo un cambio político, sino también el proceso íntimo de una mujer que decidió revisar su pasado y asumir públicamente sus conclusiones.
Días antes de fallecer, Casal compartió en sus redes sociales una publicación que, tras conocerse su muerte, adquiere un significado especial. En el mensaje llegó a advertir que quizás aquel sería uno de sus últimos posts, palabras que ahora han sido recordadas por quienes siguieron durante años sus reflexiones y pronunciamientos sobre Cuba.
El adiós a una madre, profesora y voz incómoda para el poder
Casal defendió hasta sus últimos años la reconciliación entre los cubanos y rechazó la cultura del odio político. Aspiraba a una Cuba donde pensar diferente no pudiera convertirse en motivo de persecución, señalamiento o exclusión, y donde los ciudadanos fueran capaces de discutir su futuro sin miedo.
Su fallecimiento deja un vacío entre quienes la conocieron personalmente y entre quienes llegaron a ella a través de sus textos. La profesora e historiadora Alina Bárbara López Hernández recordó su valentía y su carta en defensa de su hijo. Otros mensajes coincidieron en despedir a una mujer que hizo de la palabra una forma de resistencia y que, para muchos cubanos, será recordada tanto por la dureza de sus críticas como por la ternura con la que defendió a quienes soñaban con una Cuba libre.

