
No son pocos los cubanos que han construido carreras exitosas en la diáspora, protagonizando momentos inolvidables. Sin embargo, antes de triunfar en grande, han tenido que atravesar años de perseverancia y sacrificio. Una de estas cubanas es Indira Leneman, una joven que, a través de su pasión, el baile, ha logrado llegar a grandes escenarios.
Nacida en La Habana, Laroye cuenta que su pasión por las artes corre por sus venas desde que era una niña muy pequeña. “Recuerdo que un día, viendo unas imágenes en televisión, le dije a mi madre que cuando fuera grande quería ser bailarina y bailar en Tropicana. Años después me aceptaron en ese prestigioso show y trabajé allí por siete años, desde el 2010 hasta el 2017″, declaró para esta entrevista.
En abril de 2017, Laroye toma una decisión muy importante en su vida y emigra a los Estados Unidos, aunque reconoce que nunca imaginó que terminaría en ese país. “Pensé que iba a mudarme a otro lugar, principalmente a Europa, aunque la vida me dio un giro y vine para acá”, explicó.
“En el momento en que llegué, enseguida encontré mi comunidad, que no era la cubana, sino brasileña, y rápidamente comencé a bailar bailes afrobrasileños. Mi primer trabajo fue en Disneyland, precisamente con una compañía brasileña, y hasta estos días laboro ahí cada año”, agregó.
Laroye Aña ha podido ejercer su profesión en grandes escenarios, especialmente en la ciudad de Los Ángeles, California, donde reside. Uno de los momentos que recuerda con mayor alegría es su presentación junto al famoso cantante brasileño Sergio Méndez, ya fallecido, en el Hollywood Bowl, lugar que ha acogido a muchos artistas de talla mundial.
Además de ser bailarina profesional, también ejerce como profesora. Un año después de haber llegado a Norteamérica, comenzó a impartir clases de baile. Tras esta experiencia, decidió abrir su propia compañía de baile.

“Comenzar una nueva etapa siempre es un poco difícil, yo misma me casé aquí, pero igual me sentía un poco sola porque no conocía a casi nadie. No me afectó, pero sí lo sentía en general”, declaró.
Pese a los retos, su carrera ha ido creciendo y ha podido compartir escenario con reconocidos artistas, tanto cubanos como internacionales. “Trabajé con Pedrito Calvo cuando estuvo aquí y también con otras orquestas como Havana de Primera, el reconocido coreógrafo Tony Menendez, entre otros, pero sin dudas la mayor experiencia fue el último trabajo que hice al lado de Bad Bunny y Lady Gaga en el Super Bowl de este año”.
Y es este, sin dudas, el momento más importante dentro de la carrera de esta cubana que un día soñó con bailar en el show Tropicana y años más tarde conquistó el éxito al lado de dos fenómenos musicales y ante los ojos de millones de personas en todo el mundo.
“Fue una experiencia muy buena. Aprendí mucho de la manera en que trabajan los coreógrafos. En este caso, la que montó la pieza es norteamericana y aquí tienen un estilo mucho más riguroso que el sistema en Cuba. Yo venía trabajando siempre en solitario y aquí fue montar un show en conjunto y posteriormente obtuve siete premios gracias a esta coreografía”, explicó.
“Esa experiencia fue hermosa, fue algo histórico, sentir el orgullo de ser latinos y caribeños, es algo que voy a llevar conmigo para siempre”, agregó.

Indira cuenta que, a pesar de haber estrechado lazos con la cultura brasileña, no quería perder sus vínculos con la cultura cubana, aunque la comunidad es bastante pequeña en Los Ángeles.
“Fue un poco difícil poder enseñar aquí donde estaba la clave cubana, aunque yo mezclé desde la salsa hasta el cubatón, a pesar de que al hablar de música cubana solo eran conocidos Celia Cruz y el Buena Vista Social Club”, refirió.
“Representar mis raíces cubanas en un escenario internacional es lo más importante. Siempre lo hago, incluso cuando estoy representando a otros países. Siempre trato de poner mi cubanía ahí, ya que eso es lo que me ha llevado lejos. Eso está en mi sangre, y es un orgullo para mí representar mi cultura. Estar ahí mismo en el Super Bowl para mí fue algo muy grande en todos los aspectos”.
“Antes de salir a un escenario pasan muchas cosas. Para mí lo más importante es recordar la coreografía en mi mente, saber a quién puedo mirar para guiarme, saber qué hacer si cometes un error, tratar de continuar. Cada momento es algo diferente, pero siempre que voy a salir a un escenario me da mucho placer; ya ahí dejo de ser Indira y paso a ser el producto”.
Entre los sueños pendientes, Laroye Aña desea trabajar con otros artistas que prefiere no mencionar, ya que son varios los que integran su lista, pero a la vez se siente una persona feliz y realizada con todo lo que ha conquistado hasta ahora.
“Entre los mayores retos han estado ir a varias audiciones compitiendo con millones de personas y ser aceptada en esa gran audición. Ese ha sido mi mayor reto como bailarina y como emigrante también. Es muy duro cuando eres latina, negra y con tantos talentos que hay; es una situación que te pone en duda si realmente tienes la capacidad, si eres suficiente, te causa mucho miedo, pero a la vez mucha satisfacción”.
Esta es la historia de otra cubana más que no le tuvo miedo a la vida, y mucho menos a cumplir sus sueños. Con una carrera marcada por éxitos, quedan todavía muchas metas por cumplir.
