
El gobierno cubano volvió a elevar el tono frente a Estados Unidos al advertir sobre lo que considera un intento de preparar a la opinión pública para una eventual acción militar contra la Isla. La acusación coincide con movimientos comprobados de tropas, vehículos y capacidades logísticas estadounidenses en Puerto Rico, dentro de una estrategia más amplia del Comando Sur para reforzar su presencia en el hemisferio.
Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba y uno de los principales funcionarios encargados de las relaciones con Washington, vinculó expresamente sus advertencias con la actividad militar estadounidense en territorio puertorriqueño. “La noticia de moda son los movimientos y manejos militares en Puerto Rico”, escribió el diplomático el domingo 30 de agosto en X.
Fernández de Cossío sostuvo que desde Estados Unidos se estaría promoviendo una narrativa destinada a hacer concebible una futura acción militar contra Cuba. Según el vicecanciller, determinadas publicaciones intentan alimentar la idea de que la Isla representa una amenaza para la seguridad estadounidense y acostumbrar progresivamente al público a la posibilidad de una intervención.
La acusación cubana, sin embargo, debe separarse de los hechos militares que pueden comprobarse. Estados Unidos sí ha incrementado durante 2026 sus capacidades operativas en el Caribe y Puerto Rico, pero hasta el 31 de agosto no existe un anuncio público de la Casa Blanca, el Pentágono o el Comando Sur que indique que esos movimientos formen parte de preparativos para atacar Cuba.
EEUU trasladó vehículos militares a Puerto Rico
Uno de los movimientos más recientes ocurrió el 22 de agosto en el aeropuerto José Aponte de la Torre, en Ceiba, Puerto Rico. Fotografías difundidas oficialmente por las Fuerzas Armadas estadounidenses muestran a un gigantesco avión de transporte C-5M Super Galaxy descargando un Light Joint Tactical Vehicle del Cuerpo de Marines perteneciente al Combat Logistics Battalion 8 de la Littoral Combat Force-24.
Otras imágenes de la misma operación muestran varios vehículos tácticos estacionados en la pista tras ser descargados. El material fue transportado a una instalación ubicada en la antigua zona de Roosevelt Roads, un punto que ha recuperado importancia para las operaciones militares estadounidenses en el Caribe.
Las Fuerzas Armadas señalan que las unidades se encuentran en el área de responsabilidad del Comando Sur para respaldar a la Joint Task Force Western Hemisphere, ejecutar operaciones ordenadas por el gobierno, interrumpir el tráfico ilícito de drogas, “disuadir actores malignos” y proteger el territorio estadounidense mediante una “presencia continua”.
Estos movimientos se producen después de que el Comando Sur colocara a más de 1.300 marines y marineros bajo una fuerza táctica con capacidad para operar por aire, tierra y mar. La unidad fue concebida como una fuerza de respuesta rápida capaz de intervenir en crisis, reforzar instalaciones diplomáticas, realizar interdicciones marítimas y operar desde posiciones terrestres o buques de guerra.
Una nueva fuerza militar para el hemisferio
La reorganización militar adquirió otra dimensión el 4 de agosto con la activación de la Joint Task Force Western Hemisphere, conocida como JTF-WHEM. El repositorio oficial del Departamento de Defensa describe esta estructura como una fuerza conjunta creada para sincronizar las operaciones estadounidenses con aliados y socios en América Latina y el Caribe.
La JTF-WHEM ya no es una estructura meramente administrativa. Durante agosto comenzó a aparecer de forma recurrente en operaciones reales de SOUTHCOM, incluida la interdicción de embarcaciones y acciones letales contra objetivos que Estados Unidos identifica como vinculados a redes de narcotráfico.
El contexto también resulta sensible para La Habana porque Washington ha endurecido durante 2026 su discurso de seguridad hacia Cuba, especialmente por las relaciones del gobierno cubano con China y Rusia. El propio Comando Sur ha incluido al conglomerado militar GAESA en sus advertencias sobre las redes que considera perjudiciales para la seguridad y estabilidad regional.
Ese lenguaje contribuye a explicar por qué las autoridades cubanas observan los nuevos movimientos estadounidenses bajo una óptica diferente a la versión ofrecida por Washington. Para Estados Unidos, se trata de una política de seguridad hemisférica; para La Habana, el fortalecimiento militar ocurre en medio de una campaña política y económica mucho más agresiva contra el régimen.
El Comando Sur ya ejecuta operaciones letales en el Caribe
El aumento de capacidades no se limita a ejercicios. El 25 de agosto, la Joint Task Force Western Hemisphere llevó a cabo un “ataque cinético letal” contra una embarcación rápida en una ruta de narcotráfico del Caribe.
Según el comunicado oficial de SOUTHCOM, información de inteligencia confirmó que la embarcación participaba activamente en actividades de narcotráfico. Cuatro personas, calificadas por el mando estadounidense como “narcoterroristas”, murieron durante la operación.
El general Francis L. Donovan, comandante de SOUTHCOM, aseguró que la nueva fuerza continuará desarrollando operaciones “precisas y letales” contra los carteles. Washington ha presentado esta ofensiva como una estrategia para destruir las redes criminales antes de que sus actividades puedan alcanzar territorio estadounidense.
El episodio también fue significativo por tratarse de una nueva demostración de la capacidad del Comando Sur para realizar ataques directos contra objetivos en el Caribe. Aunque la operación no estuvo relacionada con Cuba, demuestra que las fuerzas reorganizadas durante 2026 poseen autorización y capacidad para ejecutar acciones reales, y no únicamente entrenamientos.
Marines salieron del USS San Antonio para otra operación
Solo tres días después, el 28 de agosto, se produjo otra operación de considerable importancia, esta vez en aguas internacionales del Pacífico oriental. SOUTHCOM informó oficialmente que marines y marineros desplegados desde el USS San Antonio interceptaron una embarcación utilizada presuntamente como estación flotante para reabastecer operaciones de tráfico de drogas.
Según el mando estadounidense, inteligencia previa había vinculado la embarcación con Los Choneros, una organización ecuatoriana clasificada por Washington dentro de sus objetivos de lucha contra el narcoterrorismo. Los militares abordaron el barco, lo registraron, trasladaron a sus ocupantes a Ecuador y posteriormente hundieron la embarcación.
La operación muestra la forma en que las nuevas fuerzas estadounidenses están combinando buques anfibios, unidades de Marines, inteligencia y cooperación con gobiernos regionales. Ese tipo de capacidad permite desplazar rápidamente personal armado entre diferentes puntos del área de responsabilidad de SOUTHCOM.
El USS San Antonio atravesó el Canal de Panamá
Otra pieza del despliegue es el USS San Antonio, un buque de transporte anfibio capaz de trasladar Marines, vehículos, helicópteros y embarcaciones de desembarco. El 1 de agosto, el barco atravesó el Canal de Panamá con la 24.ª Unidad Expedicionaria de Marines mientras operaba bajo el mando de SOUTHCOM.
El propio Comando Sur destacó que era la primera vez desde 2008 que una Unidad Expedicionaria de Marines atravesaba el canal y presentó el movimiento como una demostración de “movilidad global rápida” y capacidad de proyección de poder. La fuerza opera bajo la denominación Littoral Combat Force-24.
Durante agosto también se han producido ejercicios y mensajes públicos que enfatizan la preparación para el combate. En uno de ellos, Marines del Comando Sur fueron presentados como fuerzas “letales, integradas y listas para atacar”, aunque las maniobras correspondientes se desarrollaron en Panamá y no fueron anunciadas oficialmente como acciones dirigidas contra Cuba.
En conjunto, Washington dispone actualmente en el área de SOUTHCOM de tropas capaces de desplazarse desde posiciones terrestres y navales, transporte aéreo estratégico, vehículos tácticos y unidades entrenadas para interdicción marítima y respuesta rápida.
La Habana habla de una campaña para normalizar una intervención
Es dentro de ese contexto que Fernández de Cossío formula ahora una acusación considerablemente más grave. El vicecanciller sostiene que determinados discursos sobre Cuba buscan presentar como natural la posibilidad de utilizar la fuerza militar estadounidense contra el gobierno de La Habana.
El diplomático criticó que se hable de hipotéticas acciones contra la Isla sin discutir, según su posición, el costo humano, la legalidad de una intervención o las consecuencias que tendría para la estabilidad del Caribe. También rechazó que Cuba pueda representar una amenaza militar comparable al poderío de Estados Unidos.
Según Fernández de Cossío, el objetivo sería “convencer al público” de la eventual ejecución de una agresión contra Cuba. Es una interpretación del gobierno cubano y no existe, hasta ahora, documentación pública estadounidense que demuestre una decisión de intervenir militarmente en la Isla.
Tampoco es la primera vez que el vicecanciller utiliza argumentos de este tipo. Meses atrás ya había acusado a quienes promueven públicamente una intervención estadounidense de convertirse en posibles “cómplices” de un eventual “baño de sangre”.
¿Hay realmente preparativos militares contra Cuba?
Hasta el 31 de agosto no existe evidencia pública suficiente para afirmar que Estados Unidos esté preparando una operación militar contra Cuba. Tampoco existe un anuncio del presidente Donald Trump, del Departamento de Defensa o del Comando Sur que identifique a la Isla como objetivo de los movimientos realizados desde Puerto Rico.
Lo comprobable es que el aparato militar estadounidense en el hemisferio se encuentra más activo, que nuevas fuerzas han sido creadas o reorganizadas, que vehículos y Marines han sido enviados a Puerto Rico y que SOUTHCOM ha ejecutado operaciones letales durante las últimas semanas.
También es comprobable que el lenguaje utilizado por Washington ha cambiado. Conceptos como “presencia continua”, “actores malignos”, “proyección de poder” y operaciones “letales” aparecen de manera recurrente en las comunicaciones oficiales de las fuerzas que actúan en la región.
Para Washington, esos recursos están dirigidos fundamentalmente contra carteles, redes de narcotráfico y otros actores considerados amenazas para Estados Unidos. Para La Habana, el aumento de la presencia militar ocurre al mismo tiempo que la administración Trump intensifica su presión económica y política sobre el gobierno cubano.
Esa diferencia entre hechos e interpretaciones será determinante durante las próximas semanas. Los movimientos militares en Puerto Rico son reales; la afirmación de que constituyen preparativos para una agresión contra Cuba sigue siendo, hasta ahora, una acusación del gobierno cubano que no ha sido demostrada públicamente.