
Durante más de 40 años, el colombiano Víctor Manuel Rocha logró infiltrarse en la estructura de poder de Estados Unidos como un espía de Fidel Castro. Todo ese tiempo suministró información a La Habana, hasta que una operación encubierta puso fin a su traición en el Departamento de Estado (DOS, por sus siglas en inglés).
Rocha fue reclutado por la inteligencia cubana en los años setenta luego que él mismo se presentó a la Embajada cubana en Chile para expresar su interés en volverse un agente del régimen castrista.
Gracias al entrenamiento de un oficial de la Dirección General de Inteligencia de Cuba (DGI), la aprobación de la ciudadanía estadounidense y su capacidad para ganar la confianza de quienes lo rodeaban, logró ingresar al DOS, donde ocupó diferentes cargos.
Con el paso de los años y el evidente espionaje detectado desde La Habana, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) incrementó sus pesquisas hacia un agente castrista que era identificado con el nombre clave de BUHO.
En las primeras etapas de la investigación, todo giraba en torno al nombre clave, atribuido en un principio a un funcionario hispanohablante con experiencia en Centroamérica en los años ochenta, un perfil demasiado amplio que dificultó acotar la lista de sospechosos.
Durante ese proceso, los investigadores reunieron datos generales y revisaron numerosos expedientes antes de aproximarse a Rocha. Aunque en los años noventa el FBI logró desarticular otras redes de espionaje cubano, el vínculo directo con él solo empezó a perfilarse mucho después.
Un avance importante llegó cuando la agencia obtuvo información que apuntaba al entonces funcionario como presunto infiltrado de la Dirección General de Inteligencia (DGI), aunque en ese momento aún persistían dudas sobre la solidez de esa línea investigativa.
El giro decisivo ocurrió entre 2022 y 2023, cuando una operación encubierta permitió que un agente del FBI se hiciera pasar por emisario de la inteligencia cubana y entablara contacto con Rocha, según la información recientemente revelada en el pódcast Inside the FBI, titulado Catching a Cuban Spy.

En varias reuniones grabadas, Rocha reconoció haber colaborado con Cuba durante más de 40 años, ofreció detalles sobre sus actividades y manifestó fidelidad a la Isla y a la Revolución. Esa confesión, registrada en video, se convirtió en la prueba central del caso.
Pese al peso de esa admisión, el FBI tuvo que sortear dificultades legales derivadas del tiempo transcurrido y de la necesidad de reunir evidencias concretas para sostener cargos formales de espionaje.
Ante esas limitaciones, los fiscales optaron por una vía distinta: acusarlo de actuar como agente de una potencia extranjera, una figura que permitía avanzar judicialmente pese a la prescripción de otros posibles delitos.
Proceso judicial y condena contra el espía Víctor Manuel Rocha
Esa estrategia, respaldada por la fiscalía y por un equipo especializado, resultó determinante para llevar el caso a los tribunales. Así, Rocha fue arrestado en 2023 y más tarde condenado en 2024, cerrando una investigación que durante años había permanecido abierta sin una prueba definitiva.
El colombiano llegó a un acuerdo de culpabilidad con la fiscalía. Como resultado, fue condenado a 15 años de prisión, al pago de una multa de 500.000 dólares y a tres años de libertad supervisada.
La sentencia también contempló la pérdida de sus beneficios de jubilación y le impuso la obligación de ceder cualquier ganancia futura obtenida por publicaciones relacionadas con sus delitos o con su etapa como funcionario del gobierno. Además, el acuerdo lo obliga a colaborar con las autoridades en la evaluación del daño provocado por sus actos.
Desde puestos como embajador en Bolivia, miembro del Consejo de Seguridad Nacional y secretario principal adjunto de la Sección de Intereses de EEUU en La Habana, tuvo acceso a diferentes datos que podían causar daño a la seguridad nacional.
Entre la información a la que tuvo acceso figuraban asuntos relacionados con la política de la Casa Blanca, el Consejo de Seguridad Nacional, los acuerdos migratorios, identidades de funcionarios estadounidenses, operaciones en América Latina y detalles técnicos sensibles.

