
El sábado pasado, el pequeño Rafa, un niño cubano de tan solo ocho meses, falleció sin haber recibido el trasplante de hígado que tanto necesitaba.
La tragedia no solo se consumó con su muerte, sino que la indignidad continuó durante su velorio en Ciego de Ávila, donde su familia enfrentó una serie de desatenciones y negligencias por parte del sistema cubano.
El traslado de su cuerpo desde La Habana hasta la funeraria de Ciego de Ávila, donde debía ser velado, fue desastroso. El vehículo fúnebre no llegaba y, tras horas de desesperación, la familia se enteró de que el chofer no tenía teléfono celular, lo que dificultó su localización.
Finalmente, el ataúd arribó a su destino más de una hora después de lo previsto, y lo hizo en un ambiente indignante, sin electricidad en el local donde se realizaría el velatorio.
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“Velan a un niño en penumbras”, informó la activista Yamilka Lafita, quien denunció a través de redes sociales la desidia institucional que marcó todo el proceso. El caso de Rafa, quien padecía una insuficiencia hepática severa, había generado una ola de solidaridad en Cuba y en el extranjero.
Su familia solicitó ayuda para un trasplante de hígado, y la madre, compatible como donante, fue rechazada en su solicitud de trasplante fuera del país, debido a las limitaciones del sistema de salud cubano. Médicos en España ofrecieron atención para salvar su vida, pero las autoridades cubanas no facilitaron el traslado.
El sábado 28 de junio, el estado de Rafa empeoró tras una infección bacteriana en los riñones que derivó en un fallo multiorgánico. Tras más de 24 horas sin orinar, el daño fue irreversible y el bebé murió en el Hospital William Soler, en La Habana.
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La familia, que había esperado durante días una respuesta sobre el trasplante, lamentó la falta de acción por parte de las autoridades cubanas.
Este caso pone en evidencia la grave crisis del sistema de salud cubano, que incluso en la muerte no proporciona la dignidad mínima que merecen sus ciudadanos.
El velorio de Rafa, llevado a cabo a oscuras, resalta la descomposición de un sistema que, en lugar de garantizar derechos y atención médica oportuna, muestra indiferencia y abandono ante las necesidades más urgentes de su población.
Rafa, que murió esperando una oportunidad de vida que jamás llegó, dejó una estela de dolor y frustración en su familia y en aquellos que han seguido su caso.
La activista Yamilka Lafita expresó en su denuncia: “¿Cuántos niños más tienen que irse para que entendamos que la resignación no puede ser política de Estado?”.
El caso de Rafa se suma a una larga lista de denuncias sobre el descalabro del sistema de salud cubano, que ha sido incapaz de garantizar atención adecuada y recursos suficientes para la población.
A pesar de las promesas del gobierno de priorizar el bienestar de los niños, este trágico evento demuestra lo contrario: la indiferencia, la burocracia y la falta de recursos priman sobre la urgencia médica y el amor de los padres.

