
El presentador cubano Carlos Otero reveló, en una entrevista con el influencer Darwin Santana, episodios de su vida profesional y personal vinculados con Raúl Castro, Fidel Castro, altos mandos militares, la Seguridad del Estado y su posterior ruptura con el régimen cubano, al que hoy acusa de haber engañado a varias generaciones y de destruir valores sociales en la isla.
Otero, una de las figuras más populares de la televisión cubana durante los años de Sabadazo, afirmó que durante mucho tiempo creyó en la narrativa oficial del sistema.
Según su testimonio, creció en una familia integrada a las estructuras del Estado, con un padre vinculado al deporte y fundador del INDER. Esa formación lo llevó a aceptar la idea de que Cuba vivía en un modelo superior, con educación, salud y bienestar garantizados.
Sin embargo, dijo que esa percepción cambió cuando comenzó a acceder a canales de Miami mediante una antena ilegal. Allí escuchó testimonios de exguardaespaldas, militares, generales y antiguos funcionarios que habían roto con el poder. Su conclusión, expresada ahora, fue directa: “Hemos estado engañados”.
Fiesta privada a Raúl Castro
Una de las confesiones más fuertes de la entrevista fue el espectáculo que el elenco de Sabadazo realizó en la base aérea de San Antonio de los Baños. Otero contó que fueron llamados por el general conocido como Cintas Frías para una actividad militar.
Según su versión, no se trató de una invitación, sino de una orden. El mensaje, dijo, fue que tenía que hacerlo. En aquel contexto, negarse podía significar quedar fuera de la televisión o enfrentar represalias profesionales.
El equipo no sabía al inicio que Raúl Castro estaría presente. Cuando lo supieron, Otero aseguró que temió terminar preso, porque el show incluía chistes sobre apagones y problemas sociales.
El presentador relató que, al expresar su preocupación, el general le respondió que ellos sabían todo lo que decían en sus presentaciones y que querían el mismo espectáculo que hacían para el público.
Para Otero, esa frase confirmó el alcance de la vigilancia sobre los artistas. Durante la función, según su relato, Raúl Castro se reía de los chistes, rodeado por su escolta y mandos militares. Otero describió una escena de obediencia simbólica: cuando Raúl reía más fuerte, los demás militares también aumentaban la risa.
Al terminar, el entonces jefe militar mandó a buscar al elenco, los felicitó y llamó a Otero “Ricardo Otero”, por el nombre que usaba el personaje de Margó. El presentador dijo que no se atrevió a corregirlo y que años después quemó las fotos de aquel encuentro.
Conoció a Fidel Castro y le contó cómo fusiló al “primer traidor”
Otro punto central fue el episodio en el Comité Central en 2002, poco antes de su salida definitiva de Cuba. Otero dijo que vio a Fidel Castro dos veces en su vida: una cuando tenía siete años y otra durante una ceremonia con un mandatario extranjero.
La invitación llegó por medio de la presidencia de la televisión y, según su testimonio, no era opcional. Tras el acto, un funcionario lo condujo a un salón de protocolo donde encontró una mesa con alimentos y “exquisiteces” que, afirmó, no estaban al alcance del pueblo cubano ni siquiera de personas famosas con dinero.
Esa escena reforzó su percepción sobre la distancia entre la élite gobernante y la vida diaria de los cubanos.
Durante ese encuentro, Otero recordó que Fidel Castro narró la historia del “primer traidor” de la Revolución. Según el testimonio del presentador, Fidel contó que ese hombre intentó asesinarlo en la Sierra Maestra, fue descubierto y fusilado.
Lo que más impactó a Otero fue que, de acuerdo con su relato, Fidel quería que un pintor plasmara el momento del disparo porque un rayo habría iluminado la escena. El presentador interpretó esa narración como una muestra de crueldad y narcisismo.
En la entrevista también relacionó esa impresión con casos posteriores como los de Arnaldo Ochoa y José Abrantes. Otero aclaró, además, que sus opiniones sobre Camilo Cienfuegos y el Che Guevara pertenecen al terreno de sus sospechas personales: dijo no saber qué ocurrió con Camilo, pero afirmó que no descartaba responsabilidad del poder; sobre el Che, sostuvo que cree que Fidel lo abandonó y posiblemente entregó información sobre su ubicación.
La noche de aquel encuentro terminó de empujar su decisión de irse. Otero contó que llegó a su casa entre la 1:00 y las 2:00 de la madrugada, abrazó a su hijo y le dijo a su esposa: “Nos vamos”.
Ya venía marcado por sanciones, períodos sin trabajar y un ambiente de presión. Antes de entrar al encuentro con Fidel, alguien le habría advertido que no mencionara sus problemas laborales ni personales.
Para el presentador, esa advertencia reflejaba el miedo interno del propio sistema: incluso quienes se movían dentro del aparato temían que un artista hablara directamente ante el líder sobre su situación.
La entrevista incluyó otros episodios de vigilancia. Otero relató que, después de saludar al poeta Raúl Rivero en un restaurante, notó movimientos extraños: camareros nuevos, personas desconocidas y taxis ubicados afuera.
Más tarde, al salir de trabajar en el Salón Rojo del Capri, un taxi Mercedes Benz de Cubanacán lo interceptó en el Malecón. Un hombre le mostró un carné de la Seguridad del Estado y le preguntó si había hablado con Rivero.
Para Otero, esa escena confirmó que el régimen vigilaba a todos, no solo a las figuras públicas. También dijo que, tras hacerse ciudadano canadiense y publicar una foto de su primer voto con el deseo de hacerlo algún día en Cuba, la contrainteligencia militar visitó a un amigo suyo en la isla y le advirtió que no podía estar cerca de él.
Control total en la televisión cubana
Otero también habló del ambiente de control dentro de la televisión cubana. Distinguió entre programas grabados y espacios en vivo. Según dijo, en Sabadazo la presencia directa de la Seguridad del Estado no era tan visible, pero sí en programas como Para bailar y Joven Joven.
Allí, afirmó, los agentes asistían todos los sábados, conversaban con los participantes y hacían preguntas íntimas. Algunos actuaban de forma más discreta, mientras otros se comportaban con prepotencia.
El presentador señaló que Sabadazo casi no se ensayaba. Leían el guion en maquillaje, bajaban al estudio y el primer ensayo era prácticamente lo que salía al aire. Esa naturalidad, que ayudó al éxito del programa, también implicaba riesgos en un sistema donde cualquier frase podía tener consecuencias.
