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Comer en el restaurante estatal Castillo de Jagua: “El dinero peor gastado de mi vida”

El Castillo de Jagua fue en los años 40 y 50 un punto de encuentro de la burguesía criolla, al ofrecer precios altos y un ambiente lujoso
Su hija incluso bromeó, sugiriendo que el relleno de los tostones parecía un “vómitos de perro”. (Captura de pantalla © Ari de La Habana - YouTube)
Su hija incluso bromeó, sugiriendo que el relleno de los tostones parecía un “vómitos de perro”. (Captura de pantalla © Ari de La Habana – YouTube)

La creadora de contenidos cubana Ari (@ari_delahabana) compartió en sus redes sociales una experiencia que dejó una amarga impresión de la visita al restaurante estatal Castillo de Jagua, ubicado en la céntrica esquina de 23 y G, en El Vedado, La Habana.

Después de ocho años de ausencia, Ari decidió regresar a este emblemático lugar para descubrir qué tan lejos había llegado la calidad de su oferta gastronómica. El restaurante, que en décadas pasadas fue un referente de la gastronomía cubana e internacional, ha perdido mucho de su esplendor.

Ari, al llegar al Castillo de Jagua, se encontró con un ambiente deteriorado. El aire acondicionado goteaba considerablemente, lo que obligó a los comensales a cambiar de mesa. Para colmo, las mesas estaban decoradas con servilletas que recordaban al mantel de su primaria, lo que aportó una sensación de descuido.

A lo largo de la experiencia, la cubana fue testigo de una serie de deficiencias. Uno de los momentos más comentados fue la presencia de una mosca en la cerveza dispensada. Además, el menú dejó mucho que desear. Los tostones rellenos estaban en condiciones deplorables, con ingredientes de origen dudoso. De hecho, su hija incluso bromeó, sugiriendo que parecían “vómitos de perro”.

Otro de los platos que pidió la creadora de contenido fue el tamal, al que calificó de “carente de absolutamente todo”. En su reseña, mostró que el pollo, servido en varias preparaciones, estaba completamente seco y no era comestible. Un plato de “fajitas de pollo”, por ejemplo, fue descrito como “duro, crudo e incomible”, algo que no cumplió con las expectativas de los comensales, sobre todo tomando en cuenta el precio de 700 pesos cubanos (CUP).

La experiencia vivida por Ari en el restaurante Castillo de Jagua evidencia un desajuste entre los precios y la calidad de la comida ofrecida. Aunque el lugar cuenta con una vista privilegiada al Parque Martin Luther King, la comida y el servicio no corresponden con el costo, lo que genera frustración en los clientes.

El restaurante, reinaugurado en 2019, tenía una oferta gastronómica que oscilaba entre los 40 y 70 CUP, pero hoy, en tiempos de crisis económica, ningún trabajador con un salario estatal puede permitirse comer allí.

El Castillo de Jagua fue en los años 40 y 50 un punto de encuentro de la burguesía criolla, al ofrecer precios altos y un ambiente lujoso. Sin embargo, con más de 66 años bajo el dominio castro-comunista, sigue siendo imposible que un cubano con un salario estatal pueda ir a comer allí.

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