
En horas de la mañana de este 31 de marzo de 2026, comenzó la descarga del petróleo crudo que llegó a la Base de Supertanqueros de Matanzas a bordo del petrolero ruso Anatoly Kolodkin.
El buque llegó con 100.000 toneladas de crudo tipo Urales, equivalentes a 730.000 barriles. Su carga representa un respiro limitado para la generación eléctrica, el transporte y otros servicios básicos en el país.
Según el propio gobernante Miguel Díaz-Canel, desde el pasado 9 de enero no entraba un cargamento de hidrocarburos a Cuba y el país estaba en riesgo de agotar todas sus reservas.
Un análisis técnico estima distintos rendimientos potenciales para el sistema nacional, aunque aclara que se trata de cálculos aproximados bajo condiciones operativas favorables.
De acuerdo con las proyecciones estándar para el procesamiento del crudo Urales, el 40% del cargamento podría convertirse en fuel oil, con unos 292.000 barriles destinados de forma prioritaria a las centrales termoeléctricas. Otro 35%, equivalente a unos 255.500 barriles, se destinaría a diésel para transporte de carga, pasajeros y grupos electrógenos.
El resto del crudo refinado podría generar alrededor de 109.500 barriles de gasolinas, equivalentes al 15% del total, además de unos 73.000 barriles de GLP y otros derivados industriales, que representarían el 10% restante.
Sin embargo, estos porcentajes responden a rendimientos estándar y pueden variar según el estado real de la infraestructura cubana.
Esa advertencia resulta clave porque, según los datos del sector energético, solo dos de las cuatro refinerías del país están operativas y lo hacen al 70% de su capacidad aproximada. A eso se suma un historial de abastecimiento intermitente y las limitaciones técnicas de instalaciones que durante años han dependido de crudos más ligeros para compensar sus deficiencias.
El petróleo descargado en Matanzas no estará disponible de inmediato para el consumo nacional. El ciclo previsto incluye entre tres y cinco días para la descarga y el traslado hacia las refinerías vía ferrocarril.
Luego vendría una fase de procesamiento de entre 15 y 20 días, seguida por un periodo adicional de distribución logística hacia depósitos y servicentros.
Con ese calendario, la disponibilidad total del combustible oscilaría entre 25 y 35 días. Aun así, los primeros lotes dirigidos a la generación eléctrica podrían estar listos en unos 10 días. Esa diferencia convierte al fuel oil en el producto con mayor impacto inmediato dentro de un sistema eléctrico golpeado por apagones y falta de combustible.
También se calcula que el fuel oil resultante bastaría para alimentar una central de 200 megavatios a plena capacidad durante entre 25 y 30 días. Por su parte, el diésel permitiría sostener por un periodo similar la movilidad de servicios esenciales y la logística de alimentos, dos áreas especialmente sensibles en medio del deterioro económico nacional.
En términos de consumo, el cargamento tampoco parece suficiente para cambiar el panorama de fondo. Cuba necesita alrededor de 110.000 barriles diarios para cubrir su demanda total, mientras su producción nacional se mueve entre 30.000 y 40.000 barriles por día.
Por tanto, el diferencial debe importarse, y este envío cubriría teóricamente entre 10 y 12 días de esa necesidad externa. Sin embargo, las estimaciones son con un consumo que cubra la demanda.
Pero todos apuntan a que el régimen castrista seguirá racionando el combustible con apagones de más de 20 horas al día. El combustible será prioritario para las reservas del Ministerio del Interior y el ejército durante los próximos meses. Asimismo, los dirigentes del Partido Comunista y el Gobierno tendrán suficiente gasolina para moverse en sus vehículos.