
En tiempos oscuros, cuando la dictadura perfecciona su maquinaria de represión y descrédito, el mayor error de la oposición sería prestarse a dividir y destruir a quienes han sacrificado su vida y su libertad por la causa de Cuba.
No se trata solo de un nombre, sino de la coherencia de una lucha que necesita de unidad, altura moral y compromiso real. Por eso, al hablar de José Daniel Ferrer, líder de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), es imposible callar frente a la campaña de lodo que intenta manchar su trayectoria.
Dejo muy clara mi posición ante este drama que ha provocado opiniones dispares. No cuenten conmigo para meterme en ese camino de infamia, de echar inmundicias e insidias sobre la figura de José Daniel Ferrer.
La pregunta que define mi postura es sencilla: ¿a quién beneficia ese lodo sucio sobre la figura de Ferrer? Sin duda, no beneficia a la oposición; al contrario, fortalece el juego de la barbarie y la división que teje la dictadura. Eso basta para decir no a quienes han entrado en ese camino que bordea la arista de la traición.

Ferrer ha soportado prisión, intrigas, abusos y maltratos. Ha estado lejos de su familia, padeciendo el rigor del encierro y de la tortura, y aun así ha mantenido un altísimo concepto de la unidad. En lugar de quebrarse, se ha aferrado a la idea de que solo con un frente común la oposición puede resistir y tener opciones de victoria frente al poder despótico.
Es cierto que dentro de la oposición existen ambiciones, intrigas y manipulaciones, y que algunos pueden ser cómplices —voluntarios o inconscientes— de la tragedia cubana. Pero de ahí a denigrar a quienes se han jugado la vida, hay un abismo.
Restar méritos a un hombre que ha estado en carne propia frente al verdugo solo cabe en mentes débiles, confundidas o enfermas. Criticar desde la distancia, lejos del chantaje y de la tortura, resulta cómodo; pero es también irresponsable y frívolo.
Pregúntenles a las más de 700 personas a quienes Ferrer daba comida diariamente, a los enfermos a quienes facilitaba medicinas y atención médica gratuita, a las familias que encontraron en él solidaridad y esperanza. Ante Ferrer, lo justo es quitarse el sombrero, porque su labor social no fue un gesto aislado, sino la consecuencia natural de un liderazgo ético, comprometido y sensible.

No hay heroísmo en sumarse a campañas de lodo y falsedades. La dictadura no necesita más ayuda: ya ha perfeccionado el arte de destruir reputaciones, dividir y sembrar odio. Los que se prestan a esas maniobras terminan sirviendo, directa o indirectamente, a la tiranía. Lo saben bien los que han sobrevivido a las mazmorras del régimen: la calumnia y la desmoralización son armas tan letales como las golpizas o el hambre.
Así las cosas… Por eso digo con firmeza: para tales campañas de difamación no cuenten conmigo. Defender a Ferrer no es un acto de simpatía personal, sino un deber moral frente a la historia y frente al futuro de Cuba. La causa de la libertad en nuestra tierra exige unidad, altura moral y lealtad. En ese camino, José Daniel Ferrer se mantiene como símbolo de dignidad y resistencia; atacarlo es atacar la esperanza de un pueblo que no se rinde.


Primeramente usted no es nadie para tener que contar con usted, lo que usted llama calumnia yo en lo personal le digo las verdades, y no se lo dice un don nadie sino alguien que fue opositor activo desde muy joven y no recuerdo en 1988 haber oído el nombre de este Señor. Alguien como el que recibe miles de dólares mensual tiene que hacer almuerzos y comida para repartir para poder justificar la malversación de fondos , y digo con toda certeza que este Señor es un agente del gobierno cubano que han venido preparando desde hace muchísimo tiempo, como prepararon a Odilia Collazo . La mentira tiene patas cortas y la verdad siempre la alcanza y para terminar como se le puede llamar valientes alguien golpeador de mujer con las que tenía relaciones extra matrimoniales. Antes de publicar sus artículo escaso de verdades sobre Daniel Ferrer indaga más sobre él y deje de desinformar . O usted será otro más ?