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Crónica de un viaje a Cuba: Los arregla colchones

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Crónica de un viaje a Cuba: Los arregla colchones

El cubano tiene muchas palabras que forman parte de su diario quehacer. Pero hay dos de ellas que en mi opinión ocupan un lugar destacado: resolver e inventar.

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El cubano tiene muchas palabras que forman parte de su diario quehacer. Pero hay dos de ellas que en mi opinión ocupan un lugar destacado: resolver e inventar.

No es necesario acudir al diccionario de nuestra lengua para encontrar su significado. Resolver es buscar las vías o los medios para salir de un problema, encontrar algo que está “perdido”, o de difícil acceso. “Mi amiga me resolvió un turno para el médico”. “Me resolvieron las cervezas para el cumpleaños” “Al fin resolví la dichosa pieza que me faltaba para el carro” y así cada día se “resuelve”. Pero una cosa es lo que se resuelve y otra bien distinta el cómo se resuelve.

De seguro la amiga no hizo cola para el turno, fue otra amiga la que se lo dio sin hacer la cola. Las cervezas no salieron del bolsillo de alguien, tampoco la dichosa pieza, probablemente se “perdieron” de algún lugar estatal.

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Inventar es más amplio, se aplica a todo. Es lo que se hace para vivir cada día. Se inventa la comida, el gas, el ron, la cerveza, el cemento que está perdido, en fin todo se inventa. Inventar es el superlativo de resolver.

Una tarde de julio, mi vecina Ofelia, toca a la puerta y me dice: -En la otra calle están arreglando unos colchones, a lo mejor necesitas reparar el tuyo. Sin darme tiempo a responder me comenta.

-Sabes lo que es pagar 300 pesos (CUC) por un colchón que a los dos años hay que reparar. De qué estarán hechos- me vuelve a preguntar.

El mío- me sigue diciendo Ofelia- lo compré cuando me casé- Se queda mirando hacia arriba y continúa- si hace 40 años y todavía está bueno. Pero el de mi hija, que lo resolvieron en la shopping no le duró naa-

La curiosidad, más que la necesidad, me lleva hasta la calle aledaña para ver a los colchoneros o arregla colchones como también les llaman. Pienso por un momento que es poco probable que en otra parte de nuestro Continente existan unos inventores como estos.

Son jóvenes, por lo que deduzco que aprendieron el oficio de sus padres. Empiezo a hablar con uno de ellos y me comenta que gana más en este trabajo que cuando lo hacía para el Estado. El costo de una reparación varía en dependencia del daño y el tamaño. Puede ser unos 30 y hasta 50 CUC, lo que es casi el doble del salario mensual de un profesional.

Cuando le pregunto dónde consigue los materiales, acude a la palabra mágica: resolviendo.

-Aquí si hay que inventar mi socio- me mira a los ojos y me dice- Si no inventas no hay comida-

Sigue con su trabajo, saca un muelle oxidado de otro colchón, toma un alambre duro que lo dobla con un par de pinzas inventadas por él, introduce un poco de relleno y como cirujano de primer nivel cose la tela del colchón. Mira al cliente y le dice:

-Señor, ya etá-

En dos horas de trabajo ganó lo que gana el médico en un mes, así cualquiera inventa.

 

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