- Advertisement -

Cuba se queda sin efectivo: la crisis bancaria golpea a todas las provincias

Tarjetas llenas, cajeros vacíos: la nueva angustia de los cubanos para acceder a su propio dinero
En la provincia agramontina, los bancos dependen de depósitos ocasionales para poder entregar dinero físico. (Foto © Periódico Cubano)

La escasez de efectivo en Camagüey se ha convertido en una nueva expresión de la crisis económica cubana. Reportes ciudadanos indican que varias sucursales bancarias operan con fondos mínimos, los cajeros permanecen vacíos durante largos períodos y algunos clientes apenas logran retirar pequeñas cantidades, incluso hasta 500 pesos una vez al mes.

Según confirmó Periódico Cubano, el problema no ocurre de forma aislada. Camagüey se suma a otras provincias donde acceder al dinero depositado en cuentas bancarias se ha vuelto una gestión incierta.

La población enfrenta una contradicción diaria: tiene saldo en tarjetas, pero no puede convertirlo en efectivo ni usarlo siempre en los mercados donde encuentra alimentos, medicinas o servicios.

Camagüey: bancos con poco efectivo y clientes sin opciones

En la provincia agramontina, los bancos dependen de depósitos ocasionales para poder entregar dinero físico. Esa dinámica limita los retiros y obliga a organizar colas desde temprano. En muchos casos, los usuarios esperan durante horas sin garantía de recibir efectivo.

La situación afecta de forma directa a jubilados, trabajadores estatales y familias que dependen del salario mensual. Para ellos, una tarjeta bancaria no resuelve el problema si el comercio cercano no acepta transferencias o si el vendedor exige pago en efectivo.

La cifra reportada de 500 pesos mensuales ilustra la gravedad del escenario. Ese monto no alcanza para cubrir gastos básicos en un país donde los precios de alimentos, transporte y medicamentos superan ampliamente los ingresos de buena parte de la población.

La bancarización como respuesta oficial

La respuesta del gobierno ha sido insistir en la bancarización. Centros de trabajo, entidades estatales y comercios reciben orientaciones para ampliar el uso de tarjetas, transferencias electrónicas, códigos QR y plataformas como Transfermóvil o EnZona.

El objetivo oficial es reducir la circulación de efectivo y aumentar los pagos digitales. Sin embargo, esa política se aplica en un país con conectividad inestable, apagones frecuentes, baja disponibilidad tecnológica y una parte de la población envejecida o sin acceso pleno a teléfonos inteligentes.

El resultado es una modernización incompleta. El régimen empuja a la población hacia el pago electrónico, pero no garantiza que todos los comercios acepten esa modalidad ni que el sistema funcione de forma continua.

Santiago de Cuba: colas, límites y cajeros “de adorno”

La crisis también ha sido reportada en Santiago de Cuba, donde residentes han denunciado largas colas en bancos y cajeros automáticos sin fondos. En esa provincia, testimonios recogidos por medios independientes describen personas que deben madrugar o marcar turnos desde el día anterior para retirar apenas una parte de su salario o pensión.

El caso santiaguero muestra un patrón similar al de Camagüey. Los bancos reciben más demanda de efectivo de la que pueden cubrir. Los jubilados figuran entre los más afectados, porque muchos dependen del dinero físico para pagar alimentos, medicinas o servicios básicos.

También se ha denunciado la aparición de intermediarios que ofrecen efectivo a cambio de una comisión. Este fenómeno convierte el acceso al dinero en otro negocio informal, donde quienes tienen billetes pueden cobrar un porcentaje por entregarlos a quienes solo tienen saldo bancario.

Granma y el reconocimiento del problema

En la provincia de Granma, medios locales oficialistas han reconocido que la bancarización no ha eliminado la necesidad de efectivo. Aunque las autoridades defienden los pagos digitales, admiten que muchas personas todavía necesitan billetes para resolver operaciones cotidianas.

Ese reconocimiento es clave. La bancarización no fracasa porque la población rechace la tecnología, sino porque el sistema económico no garantiza condiciones básicas para que el dinero digital sustituya al efectivo.

En zonas rurales o comunidades con mala conectividad, el problema se agrava. Si falla la electricidad, no hay datos móviles o el comercio no tiene condiciones técnicas, la transferencia deja de ser una opción real.

La Habana: comercios con pagos digitales, pero no siempre suficientes

En La Habana, el gobierno ha impulsado experiencias de pago electrónico en establecimientos estatales y bodegas. También se ha promovido el uso de códigos QR en comercios vinculados al Ministerio del Comercio Interior.

Sin embargo, la capital tampoco escapa a las limitaciones del sistema. Muchos productos de mayor demanda no están en tiendas estatales, sino en negocios privados, mercados informales o puntos de venta donde el efectivo conserva un valor práctico.

Para el consumidor, el problema no es solo tener dinero. El problema es dónde y cómo puede usarlo. Una tarjeta con saldo no sirve de mucho si el vendedor no acepta transferencia, si la aplicación falla o si el pago digital solo está disponible en determinados horarios.

El mercado privado y la desconfianza bancaria

Una parte de los negocios privados evita depositar todo su efectivo en los bancos. La razón es sencilla: si luego no pueden retirarlo, pierden capacidad para comprar mercancía, pagar transportistas, cubrir gastos o responder a proveedores.

Esa desconfianza reduce la entrada de billetes al sistema bancario. Mientras menos efectivo retorna a las sucursales, menos dinero pueden entregar los bancos a la población. Así se crea un círculo vicioso.

El Estado intenta controlar la circulación monetaria mediante normas y límites, pero la economía real opera con incentivos distintos. En medio de la inflación, muchos actores prefieren conservar efectivo porque permite resolver con más rapidez en mercados informales o privados.

Una crisis dentro de otra crisis

La falta de efectivo no es un problema menor. Se suma al deterioro del transporte, la escasez de alimentos, la inflación, los apagones y la falta de medicamentos. Para miles de cubanos, retirar dinero se ha convertido en una tarea tan difícil como encontrar productos asequibles.

En Camagüey, la crisis bancaria expone los límites de una política aplicada sin respaldo material. La bancarización puede funcionar en una economía con infraestructura, conectividad y confianza institucional. En Cuba, avanza sobre un sistema debilitado.

El ciudadano queda atrapado entre dos realidades: bancos sin efectivo y mercados donde el dinero digital no siempre sirve. En ese punto, la promesa oficial de facilitar las operaciones termina convertida en otra carga para una población que ya vive bajo presión económica constante.

Sin comentarios

¿Qué opinas? ¡Déjanos tu comentario!

Please enter your comment!
Ingrese su nombre

Salir de la versión móvil