
La cubana Dayana Echemendía Díaz recientemente fue sancionada por el gobierno de Reino Unido al estar involucrada en las redes de trata de personas que reclutaban migrantes extranjeros para el ejército ruso en la guerra contra Ucrania, donde han muerto decenas de sus compatriotas.
Esta acusación la coloca como un eslabón más de la cadena de responsabilidad que provocó la pérdida de al menos 96 cubanos en el frente ucraniano, según datos divulgados por la inteligencia de Kiev.
La medida fue anunciada el pasado 5 de mayo por la Cancillería británica. Además de Echemendía Díaz, también hubo sanciones contra otras 34 personas y entidades vinculadas al reclutamiento engañoso de combatientes y al suministro de componentes para drones utilizados por Moscú.
Las sanciones contemplan congelación de activos, prohibición de entrada al Reino Unido y restricciones para mantener relaciones económicas o financieras con ciudadanos y empresas británicas.

El gobierno británico ubicó a la cubana dentro del régimen de sanciones por migración irregular y trata de personas. La acusó de participar en el reclutamiento de ciudadanos cubanos mediante engaño y con fines de explotación.
Según el servicio ucraniano “Quiero Vivir”, operado por la Dirección General de Inteligencia (GUR), tenía registrada la muerte de al menos 96 cubanos reclutados por Rusia hasta octubre de 2025.
El GUR, a inicios de enero, reveló un listado de 54 cubanos identificados como parte de ese casi centenar de víctimas. Pese a revelarse estos datos, el castrismo ha negado repetidamente su implicación en el reclutamiento de cubanos para pelear en Ucrania.
La declaración parece absurda si se tiene en cuenta que el régimen mantiene un absoluto control en las entradas y salidas de la Isla, además de ser un fiel aliado de Rusia en la región.
Organizaciones ucranianas sostienen que muchos de esos combatientes aparecen registrados tanto en Moscú como en Cuba. Sin embargo, el régimen cubano evita informar sobre sus muertes y esquiva cualquier rendición de cuentas.
A muchos de ellos se les prometieron 2.000 dólares mensuales por servir en las fuerzas armadas rusas. Esa cifra, inalcanzable para la mayoría dentro de la economía destruida de la Isla, funcionó como anzuelo. El destino real, según las autoridades británicas, fue la línea del frente o instalaciones vinculadas a la industria militar rusa.
En ese punto aparece la responsabilidad moral y política de quienes facilitaron el reclutamiento. Echemendía Díaz forma parte de esa maquinaria señalada por traficar con esperanzas, necesidades y desesperación. No dispara en Ucrania, pero su presunta participación habría ayudado a colocar a cubanos pobres frente a los cañones de una guerra ajena.
Un informe de la Federación Internacional por los Derechos Humanos, Truth Hounds y la Oficina Internacional de Kazajistán por los Derechos Humanos señaló a Cuba y Colombia como focos de captación en América Latina. También describió un sistema basado en vulnerabilidad económica, engaño, coerción y explotación.

