
Isaak, un cubano que emigró a Kazajistán hace más de una década, comparte su fascinante viaje hacia este destino poco común para los cubanos. En su relato, detalla los desafíos y las oportunidades que ha encontrado en el país asiático, un lugar que le ha ofrecido crecimiento personal y profesional.
La historia de Isaak no solo muestra la emigración cubana hacia países menos tradicionales como Estados Unidos y España, sino que también resalta la importancia de la adaptación cultural y el aprendizaje de nuevas lenguas.
Isaak comenzó su carrera como cantante en Cuba, donde se unió a varios grupos musicales. En 2010, conoció a Unai, un amigo que sería crucial para su futuro viaje. A pesar de que inicialmente tenían planes para viajar a Rusia, el destino los llevó a Kazajistán.
En 2012, Unai lo contactó para informarle sobre una oportunidad en el país asiático. Aunque no conocía mucho sobre Kazajistán, Isaak decidió emprender el viaje, sin imaginar que este sería el comienzo de un nuevo capítulo en su vida.
Al llegar a Kazajistán, Isaak y su grupo comenzaron a trabajar en diferentes presentaciones, cantando canciones latinas y retro. Sin embargo, la competencia era feroz y muchos otros grupos, incluidos otros cubanos, ya estaban establecidos en el país.
Esto llevó a la disolución de su grupo, pero Isaak encontró una nueva oportunidad al participar en “Dausi”, la versión local de “La Voz” en Kazajistán. Esta experiencia le permitió hacerse un nombre, crear contactos importantes y seguir creciendo como artista en el nuevo entorno.
Uno de los mayores desafíos fue aprender el idioma kazajo y adaptarse a las diferencias culturales. Kazajistán es un país con costumbres muy diferentes a las de Cuba, y su estilo de vida tranquilo contrastaba con la agitada vida nocturna y el gusto por la música de los cubanos.
Sin embargo, Isaak logró adaptarse y encontrar un equilibrio entre las tradiciones de su país natal y las costumbres locales. Apreciaba actividades como ir al cine o pasear por la naturaleza, que le permitieron disfrutar de la vida en Kazajistán de una forma más tranquila.
Además de consolidar su carrera musical, ha logrado establecer una vida personal y familiar. Conoció a su esposa, Victoria, con quien se casó y formó una familia en Kazajistán. A pesar de las diferencias culturales, el cubano valora las oportunidades de crecimiento que este país le ha brindado, y se siente agradecido por su evolución como persona y profesional.
A pesar de haber vivido en Kazajistán por más de 13 años, Isaak no ha solicitado la nacionalidad kazaja debido a la política de no permitir la doble nacionalidad. Esto, sumado a las restricciones legales de Cuba, lo ha puesto en una situación legal complicada.
Optó por mantener su pasaporte cubano, ya que le otorga ciertos beneficios, como la posibilidad de obtener rápidamente la residencia española. Este dilema refleja las dificultades que muchos cubanos enfrentan en el extranjero al tratar de equilibrar sus derechos de residencia y ciudadanía.
Isaak considera que Kazajistán es un país lleno de oportunidades, pero también reconoce que no es un destino para todos. La clave del éxito, según él, radica en la disposición para adaptarse y aprender tanto el idioma como las costumbres locales.
Kazajistán es el país más grande de Asia Central y la novena nación más extensa del mundo. Limita con Rusia, China, Kirguistán, Uzbekistán y Turkmenistán, además de tener costa en el mar Caspio. Su capital es Astaná (antes conocida como Nursultán) y la ciudad más poblada es Almatý.
Con una población cercana a los 20 millones de habitantes, es un Estado rico en recursos naturales, especialmente petróleo, gas y minerales, lo que impulsa su economía. Es una república exsoviética que mantiene un régimen autoritario con fuerte control político, pero al mismo tiempo busca proyectarse como potencia regional.
Su diversidad cultural combina raíces nómadas, influencia rusa y una identidad nacional kazaja que sigue en construcción.

