
Un cubano desembolsó 4.300 pesos (CUP) por un desayuno buffet en el hotel Meliá Habana, una suma inalcanzable para la mayoría de la población, pues representa más del doble de un salario mínimo mensual en la Isla.
Acompañado por su hermano y su cuñada, los tres pagaron una cuenta total de 12.900 CUP para disfrutar de un servicio que contrasta con la realidad económica del país. La experiencia dejó en evidencia la desigualdad en Cuba, donde los lujos turísticos siguen siendo exclusivos para extranjeros.
Desde su llegada, el grupo notó la falta de turistas y la decadencia del sector hotelero en La Habana. En el camino, observaron infraestructuras abandonadas, como los hoteles Tritón y Neptuno, reflejo de la crisis económica que golpea al país. La zona que alguna vez atrajo a miles de visitantes ahora luce desolada y deteriorada.
El ingreso al buffet no estuvo exento de inconvenientes. A pesar de haber pagado la suma requerida, el personal del hotel cuestionó su acceso, alegando que solo se había abonado por dos personas. La situación expuso la discriminación que muchos cubanos enfrentan al intentar acceder a servicios diseñados para el turismo extranjero.
El buffet ofrecía alimentos que rara vez están disponibles en las tiendas estatales: jugos naturales, frutas, huevos, mantequilla y tocino. La abundancia en los hoteles contrasta con la escasez generalizada en el país, donde la población enfrenta dificultades para adquirir productos básicos.
La reflexión final de los tres cubanos es que aunque disfrutaron el momento, no volverían a gastar una suma tan elevada en un desayuno buffet en el Meliá Habana. El servicio con maltrato y la calidad de la comida no justifican el alto precio pagado.
Laura, una ingeniera civil que intentó trabajar en un hotel de la zona, compartió su experiencia. Renunció por los bajos salarios y las condiciones laborales precarias. Su testimonio refleja la dura realidad de los profesionales en Cuba, cuyos ingresos no les permiten disfrutar de los mismos servicios que ofrecen a los turistas.
La diferencia de precios es abismal. Para los extranjeros, el costo del desayuno resulta insignificante debido a la devaluación del peso cubano. En cambio, para un ciudadano común, representa una cifra exorbitante.
Tras la comida, el grupo se dirigió a la costa habanera para reflexionar sobre su experiencia. Apreciaron el tiempo compartido en familia, pero reconocieron que la desigualdad en el país es cada vez más evidente.
Mientras el gobierno invierte en nuevos hoteles, la mayoría de la población no tiene acceso a ellos. La crisis económica y la inflación siguen limitando el poder adquisitivo de los cubanos, que ven cómo los recursos se destinan a un sector al que no pueden aspirar.

