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De Dany Ome a Lenier Mesa: ¿Por qué los cubanos merecen mejores artistas?

¿Por qué como consumidor le compraría a alguien que no me apoya, o que incluso se burla de mí y pacta con mi abusador sin consecuencias?
Dany Ome ha declarado reiteradamente que a él el régimen no lo oprime ni lo persigue. (Foto © Robin Pedraja / Flamingo Bar)
Dany Ome ha declarado reiteradamente que a él el régimen no lo oprime ni lo persigue. (Foto © Robin Pedraja / Flamingo Bar)

Muchos dicen que los artistas deben atenerse a “lo suyo” y no opinar de política. Que si un cantante es cantante, debe limitarse a cantar; lo mismo un actor o un comediante.

Sin embargo, en un momento de la humanidad en el que hay espacio para que cualquiera pueda expresarse –independientemente de cuán dañina pueda ser esa “expresión”- creo prudente dejar que quienes tienen un mayor alcance y el poder de influir en las ideas e incluido en las acciones de las personas, usen sus plataformas para pronunciarse sobre lo que es correcto, tan ambiguo como pueda parecer el concepto.

De hecho, no solo lo creo prudente, me parece estrictamente necesario. Es una obligación moral que tienen como famosos para con su público, de usar su influencia para apoyar a los vulnerables, para contagiar empatía, y sí, también para denunciar injusticias, en afán de que, quizá con el respaldo de una voz que “sí importe”, estas empiecen a ser señaladas por lo que son: abusos que no debemos permitir como sociedad, y en ocasiones como humanidad completa.

¿Y a qué voy con esto? Este jueves, Dany Ome afirmó en una entrevista que él no piensa componer ni interpretar ninguna canción contra “ninguna dictadura”, porque, según él mismo, él ya vive en Estados Unidos y nada de lo que ocurre en Cuba le concierne.

Lo que este personaje nos está diciendo es que los apagones, la falta de alimento, los hospitales sin medicinas, la falta de agua potable y un largo “etcétera”, a él no le importan en lo más mínimo porque él ya logró salir de ahí. Así que quien permanezca privando de calidad de vida al pueblo del que, supuestamente, él proviene, lo tiene sin cuidado.

La frialdad, la crueldad, de hecho, escondida y a la vez flagrante en esta respuesta, es avasalladora, como lo es la idea de que él no es el único cantante cubano con esa opinión, pese a lo cual, de alguna forma, no han perdido el apoyo de su público, y no solo en la Isla, también en Miami y el exilio en general.

Reguetoneros y cantantes como Chocolate MC, Charly y Johayron, El Micha, y como en su momento lo hizo El Taiger, que defienden a la dictadura, o al menos la niegan; que dan la espalda a las personas, que no solo comparten su patria -y por lo que de entrada ya deberían guardarles respeto- sino a la que literalmente les deben su fortuna y todas sus posesiones, y que siguen gozando de los mismos privilegios porque el público cubano no les exige cuentas, no les pide involucrarse en una situación que debería ser del interés de cualquiera nacido en Cuba.

Genuinamente, y lo digo con respeto, me parece que el público cubano, en la Isla y el exilio, tiene que reflexionar y analizar a qué clase de personas y de compatriotas le siguen regalando sus reproducciones, que a final de cuentas se traducen en dólares para ellos, vaya pues, a quiénes sigue haciendo famosos.

¿Por qué como consumidor le compraría a alguien que no me apoya o que incluso se burla de mí? ¿Por qué hacer rico a alguien que ha demostrado con indiferencia –y a veces con comentarios directos, como Dany Ome- que no solo no le importo yo como para defenderme, sino que mi abusador le agrada y quiere seguir trabajando con él?

La postura de Ome es una que varios han tomado, como fue en su momento el caso de Lenier Mesa, un abandono de su gente disfrazado de indiferencia casual. La brutalidad de decir “a mí no me hacen nada, así que no me importa”, y mantenerse en la comodidad del silencio, sabiendo cuál es el sufrimiento diario de millones de cubanos, de niños, de ancianos, de madres, es un nivel de egoísmo e inconsciencia que abruma.

Aceptar este tipo de discursos, de artistas que se enriquecen a costa de un público pisoteado, mientras apoyan el pie que los mantiene debajo, parece indigno, y entonces pregunto de nuevo, ¿por qué? ¿Por qué no solo dejar de escucharlos? ¿Por qué no virar hacia sus compatriotas más activos o hacia artistas internacionales?

El público manda, no tiene por qué conformarse, es él el que tiene el poder, con su elección, de hacer famoso a alguien o de hundirlo en el olvido, y en este caso los cubanos merecen artistas que como mínimo los respeten, los vean y los reconozcan de vuelta.

Por respeto a sí mismos como público, y a su lucha, como ciudadanos, porque ¿qué credibilidad dejan para los opositores en el exterior, cuando estos denuncian un gobierno autoritario y llega un famoso que niega todo mientras es seguido en masa por la misma gente que se supone está “oprimida”? Y ante esto, el espectador externo piensa “bueno, entonces no están tan mal”.

Porque ante la falta de criterio y la tergiversación de la realidad en todas las trincheras, no hay espacio para la neutralidad pública, y menos en un caso como el de Cuba, donde países enteros cuestionan todavía la existencia de una dictadura y la legitimidad de sus opositores. Una postura que no está bien definida invariablemente está del lado del opresor. Reconocer es pronunciarse; el silencio es complicidad.

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