
El gobernante comunista Miguel Díaz-Canel elevó este miércoles el tono de la confrontación con Estados Unidos al asegurar que Cuba está lista para responder con fuerza ante una eventual agresión militar.
Esto ocurrió en medio de rumores sobre preparativos en Washington y de un sondeo en el sur de Florida que refleja amplio respaldo entre cubanos y cubanoamericanos a una intervención armada contra el régimen.
Durante un acto público en La Habana, el líder comunista insistió en que no desea una guerra, pero afirmó que el país se prepara para enfrentarla y sostuvo que hay cubanos dispuestos a “dar la vida por la revolución”.
En su intervención, el burócrata designado por Raúl Castro lanzó una de sus frases más beligerantes de los últimos tiempos: “Aquí, como dice la canción, fuego vamos a dar”.
Con esa declaración, el mandatario buscó proyectar una imagen de resistencia frente a cualquier escenario de choque con Washington y reiteró el discurso oficial de movilización, sacrificio y defensa del sistema político impuesto por el castrismo durante más de seis décadas.
La maquinaria propagandística del oficialismo intentó presentar la aparición de Díaz-Canel como una demostración de fuerza popular. Un mensaje difundido tras el acto aseguró que más de 50 mil personas lo acompañaron en la esquina de 23 y 12 y describió sus palabras como “valientes y firmes”, además de vincularlas con la retórica de Fidel Castro y con la idea de que “aquí no se rinde nadie”.
Díaz-Canel también recurrió a una línea de confrontación interna al arremeter contra jóvenes cubanos emigrados. En ese sentido, reprochó a esos emigrados que aspiren a mejores condiciones de vida y sostuvo que fue la “revolución” la que los formó, pero que ahora el capitalismo se beneficia de ellos.
Con ese argumento, el régimen vuelve a usar la educación gratuita como herramienta de presión política y chantaje moral hacia quienes abandonaron el país buscando oportunidades que Cuba no les ofrece.
Ese discurso revela una contradicción central del sistema cubano. Mientras miles de jóvenes escapan de la crisis, la falta de libertades y el derrumbe económico, el poder insiste en presentar la emigración como una deuda con el Estado.
En lugar de reconocer el fracaso estructural que empuja a tantos cubanos fuera de la Isla, el oficialismo prefiere convertir el éxodo en un arma retórica para exigir lealtad y justificar nuevas consignas de resistencia.
Las palabras del gobernante castrista se producen después de una declaración oficial del Departamento de Guerra de EEUU, que fue consultado sobre versiones de una posible intervención militar en Cuba si Donald Trump lo ordenara en las próximas semanas.
La respuesta evitó confirmar operaciones concretas, pero dejó claro que sus fuerzas “permanecen preparadas para ejecutar las órdenes del presidente”, una formulación que alimentó aún más las especulaciones sobre una escalada.
Ese mensaje oficial se enlaza con reportes atribuidos a EFE y a USA Today, según los cuales el Pentágono habría recibido una directiva para acelerar preparativos relacionados con Cuba.
La otra cara de esta crisis aparece en el sur de Florida. Una encuesta realizada para el Miami Herald entre 800 cubanos y cubanoamericanos, del 6 al 10 de abril en cuatro condados del sur del estado, encontró que el 79% apoya una intervención militar en Cuba.
Ese dato resume el nivel de ruptura entre una parte importante del exilio y cualquier salida negociada que deje intacto al actual aparato de poder en La Habana.
Dentro de ese bloque favorable a una intervención, el 36% respalda una operación orientada a derrocar al gobierno, mientras el 38% prefiere una fórmula mixta que combine cambio de régimen y respuesta a la crisis humanitaria.