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El dilema para muchos de “llegar a viejo”

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El dilema para muchos de “llegar a viejo”

“Aida tiene arrugas, su piel ya no es la misma de antes, tampoco su pelo”

 

Aida tiene arrugas, su piel ya no es la misma de antes, tampoco su pelo. Siempre fue bajita, pero ágil, sobre todo frente a la máquina de coser, esa que durante mucho tiempo le dio de comer a ella y su familia. Sus flores de nylon eran únicas y las más demandadas en Guanajay, porque Aida desprendía todo su ingenio para lograr una apariencia lo más fiel posible a las naturales.

Sus manos tenían arte, todo cuanto creara o simplemente tocara adquiría belleza. Gracias a ellas pudo salir, en cierta medida, del aprieto en que la ponía el día de los “Reyes Magos”. Dejaba en algún rincón de la humilde casa un carrito de madera o una muñeca de trapo, que al menos les hiciera creer a sus hijos que, Melchor, Gaspar y Baltazar habían pasado por allí.

Aida era una verdadera luchadora, porque desde niña tuvo que aprender a ganarse el pan. Todavía con los achaques propios de los años fue capaz de criar cerdos, y salir por las calles con su verraco gigantesco que se convirtió en el semental predilecto de muchos productores porcinos caseros. Casi toda su vida transcurrió ligada al trabajo, sin descanso, pero siempre con una sonrisa y una mirada tierna e inocente, capaces hasta de curar el mal de ojo.

Ahora es una anciana, muy parecida a las típicas de los libros de cuento: pequeñita, encorvada, blanquita en canas, dulce. Ya no cose, ni cuida cerdos, y de sus flores multicolores también solo queda el recuerdo. Ya no es la señora de la casa, ni siquiera vive en su legítimo hogar. Todo comenzó con una isquemia, luego su mente la fue abandonando poco a poco.

Entonces su vida dio un giro inesperado, y los conflictos comenzaron a aparecer. Aida, la incansable guerrera comenzó a ser un estorbo, a transitar de un lugar a otro casi como un bulto pesado que nadie quiere sostener. Un mes le toca a Jorgito, el siguiente a María, y así sucesivamente hasta completar los cinco hijos que pujó y les dio un carapacho.

“Yo no puedo tenerla porque no tengo condiciones”. “Arréglenselas porque yo me voy a España con mi hija”. “En una semana la regreso porque no hay manera que se adapte a estar aquí”. “Vivo solo y no tengo mujer, cómo voy a cuidarla”. “Este paquete no es solo mío”.

Y así transcurren los días de la anciana, en una rutina casi eterna, en medio de una vorágine de reparticiones y reproches, por suerte sin reparar en ello. Mientras su descendencia se pone de acuerdo, deshila con sus corroídos y contraídos miembros cuanta tela se encuentra, o escoge todo el arroz del mes. También pela ajos, o simplemente toma asiento y se queda en silencio para quizás figurar historias en su cabecita poco lúcida.

Hace poco cumplió 84 años y escasas fueron las felicitaciones, porque la vieja Aida ya no tiene noción del tiempo, porque muchos asumen que es un cuerpo que vive, con el alma muerta.

 

 

5 Comentarios

5 Comentarios

  1. Maria

    1 marzo, 2018 at 7:59 pm

    Lamentablemente es algo que sucede con demasiada frecuencia.

  2. Cristina Castro

    1 marzo, 2018 at 7:19 pm

    Hay algo que e pueda hacer para alludar a la señora Aide?
    Me gustaria saber.

  3. Lelis Fernandez

    1 marzo, 2018 at 2:22 pm

    Que manera de escribir y destacar la falta de cariño natural que cada vez se hace mas amplio en un país donde el respeto a los mayores y el amor por una madre sin importar “en quienes son” era tan abundante. que tristeza tan profunda crea esta anécdota.

    • Alexandro de Pinedo

      1 marzo, 2018 at 4:27 pm

      Que triste final….

      • Laura

        19 marzo, 2018 at 8:01 am

        Es verda que el final de los ancianos es muiy triste, pero no SOLO en CUba en todos los paises del mundo llegar a anciano es un problema, en Cuba es donde mas ancianos son cuidados por sus hijos unos con mucho amor y otros no, no siendo asi en otros lugares donde los dejan en un home y los van a ver cada 15 dias y 5 min eso si es triste, los tienen como si fuera un bulto como dijera el dicho “ahi te dejo tu mierda gallego“, es muy triste, pobre anciana.

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