
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó al Departamento de Guerra “prepararse para una posible acción” en Nigeria con el objetivo de eliminar a terroristas islámicos, vinculados a la extrema violencia contra cristianos en este país africano.
Esta advertencia, junto con el pronunciamiento de otras posibles medidas, fue expresada por el mandatario republicano a través de la plataforma Truth Social.
“Si el gobierno nigeriano continúa permitiendo el asesinato de cristianos, Estados Unidos suspenderá de inmediato toda la ayuda a Nigeria y podría entrar en ese país, ahora deshonrado, con todas las armas en la mano, para aniquilar por completo a los terroristas islámicos que cometen estas horribles atrocidades”, escribió el presidente.
Asimismo, agregó: “Si atacamos, será rápido, brutal y contundente, ¡tal como los terroristas atacan a nuestros amados cristianos! ¡El gobierno nigeriano debe actuar rápido!”.
El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, respaldó públicamente la advertencia. En X, aseguró que el Pentágono “se está preparando para actuar” y remarcó que “el asesinato de cristianos inocentes… debe cesar de inmediato”.
Por su parte, el presidente nigeriano, Bola Ahmed Tinubu, respondió que las acusaciones no reflejan la realidad en su país. En este sentido, recalcó su compromiso de luchar contra el terrorismo, fortalecer la armonía interreligiosa y proteger la vida y los derechos de todos sus ciudadanos.
“La caracterización de Nigeria como intolerante en materia religiosa no refleja nuestra realidad nacional. La libertad y la tolerancia religiosa han sido un pilar de nuestra identidad colectiva y así seguirá siendo”, añadió.
Hace unos días la Casa Blanca colocó de nuevo a Nigeria en la lista de “País de Especial Preocupación” (CPC) por violaciones graves a la libertad religiosa, una designación que abre la puerta a sanciones, reducción de asistencia y restricciones de visado a funcionarios responsables. Nigeria ya integró ese listado entre diciembre de 2020 y noviembre de 2021.
La violencia yihadista en el noreste nigeriano ha estado marcada desde 2009 por el accionar de Boko Haram, conflicto que se agravó con la aparición en 2016 del Estado Islámico de la Provincia de África Occidental (ISWAP). Ambos buscan imponer un Estado islámico en un país dividido, a grandes rasgos, entre un norte de mayoría musulmana y un sur mayoritariamente cristiano.
De acuerdo con organizaciones internacionales y fuentes oficiales, la insurgencia ha dejado decenas de miles de muertos y millones de desplazados internos, con efectos colaterales en Camerún, Chad y Níger. La ONU y ONG especializadas ubican el saldo fatal en al menos 40.000 víctimas desde 2009 y más de dos millones de personas forzadas a huir de sus hogares.
Aunque comunidades cristianas han sido blanco de múltiples atentados, especialistas y bases de datos de conflictos coinciden en que muchas víctimas son musulmanas, dado que la mayoría de los ataques se concentran en el norte. Analistas agregan que, en el centro del país, la violencia entre pastores y agricultores obedece con frecuencia a disputas por tierra y recursos, más que a motivaciones exclusivamente religiosas.
En términos operativos, expertos advierten que cualquier acción militar estadounidense sería compleja por la movilidad transfronteriza de los grupos armados y por la reconfiguración regional tras la salida de tropas de EEUU de Níger. Nigeria, por su parte, ha señalado que valora la ayuda internacional, siempre que se canalice con respeto a su integridad territorial.

