
El expresidente sirio Bashar al-Assad y su familia se encuentran en Moscú tras el derrocamiento de su régimen, ante una ofensiva relámpago por parte de una alianza de rebeldes islamistas radicales.
“Assad y los miembros de su familia llegaron a Moscú. Rusia les concedió el asilo por motivos humanitarios”, informaron las agencias de prensas de ese país TASS y Ria Novosti, basándose en declaraciones de una fuente de la administración de Vladímir Putin.
El Kremlin también anunció que este lunes convocará una reunión urgente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para discutir la situación en Siria. “Ante los últimos acontecimientos en Siria, cuya profundidad y consecuencias para este país y toda la región aún no se han medido, Rusia ha convocado consultas urgentes a puerta cerrada del Consejo de Seguridad”, publicó un alto funcionario ruso en Telegram.
La llegada de Assad a la capital rusa marca un dramático desenlace a su intento de casi 14 años por mantener el poder en medio de una devastadora guerra civil, que comenzó con la “Primavera Árabe”, una serie de levantamientos y rebeliones armadas que se extendieron por gran parte del mundo árabe a principios de la década de 2010.

La huida del exmandatario, de 59 años, marca el final de una dinastía política que gobernó Siria durante más de cinco décadas. Assad llegó al poder en 2000 tras la muerte de su padre, Hafez al Assad, quien gobernó el país durante casi 30 años con mano de hierro.
Educado como oftalmólogo en Occidente, fue considerado inicialmente un reformador, pero su mandato pronto derivó en un régimen caracterizado por la brutalidad y la represión.
Su llegada al poder fue inesperada. Su hermano mayor, Basil, estaba destinado a suceder a su padre, pero murió en un accidente de tráfico en 1994. Entonces, él fue llamado desde Londres, donde trabajaba como oftalmólogo, para asumir un rol en el ejército y prepararse como sucesor.
En el año 2000, el parlamento sirio modificó la Constitución para reducir la edad mínima para la presidencia, permitiendo que Bashar asumiera el poder con solo 34 años. Aunque inicialmente implementó algunas reformas, rápidamente sofocó cualquier movimiento opositor. Su gobierno se caracterizó por una centralización extrema, represión y alianzas estratégicas con Irán y grupos militantes en la región.
La guerra civil que comenzó en 2011, después de que protestas pacíficas contra el gobierno fueran aplastadas violentamente, dejó casi medio millón de muertos y desplazó a más de 11 millones de personas, la mitad de la población previa al conflicto. A pesar de los esfuerzos internacionales para mediar la paz, el conflicto se convirtió en un campo de batalla indirecto entre potencias regionales e internacionales.
A medida que el conflicto se prolongaba, Assad se apoyó en aliados clave como Irán y Rusia para recuperar territorios. Sin embargo, su gobierno quedó debilitado por sanciones internacionales, y las críticas por el uso de armas químicas, torturas y ejecuciones extrajudiciales erosionaron su legitimidad.
El destino de Assad dio un giro abrupto en noviembre, cuando una alianza de grupos rebeldes con base en el noroeste del país lanzó una ofensiva sorpresa. Las fuerzas gubernamentales, debilitadas y mal organizadas, colapsaron rápidamente. Los aliados de Assad, ocupados en otros conflictos como la guerra de Rusia en Ucrania y las tensiones entre Israel e Irán, no intervinieron con la fuerza necesaria.

