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PERIÓDICO CUBANO

El impactante testimonio de un cubano que estuvo 9 días en coma por Covid-19

Coronavirus en Cuba

El impactante testimonio de un cubano que estuvo 9 días en coma por Covid-19

“Frente a mí había un árbol que yo imaginaba como una mujer con muchos brazos que danzaba frente a mí como burlándose”

El impactante testimonio de un cubano que estuvo 9 días en coma por Covid-19

Antonio, María Lourdes y su hijo a la derecha. (Foto: Naturaleza Secreta-Facebook)

Un gran porcentaje de los pacientes que contraen el coronavirus desarrollan la enfermedad en su forma más leve y no necesitan hospitalización, pero otros como Antonio se ven obligados a necesitar respiración artificial en salas de cuidado intensivos.

El testimonio de este hombre residente en el municipio del Vedado en la capital cubana y que estuvo 9 días en coma forma parte de un documental titulado “Historias paralelas” desarrollado por el proyecto Naturaleza Secreta.

Hace meses Antonio y su esposa María Lourdes recibieron en su casa a una amiga que reside en Málaga, España y a través de ella se contagiaron, pero contrario a lo que indican las estadísticas, Antonio que no tiene enfermedades preexistentes desarrolló la enfermedad en su forma más adversa con síntomas como dolores en todo el cuerpo, fiebre, tos seca y numerosas diarreas.

“La angustia, el sufrimiento, la tragedia más fuerte era para ellos dos que estaban conscientes de que yo estaba en una situación extremadamente crítica, y mis hijos menores que estaban en México y estaban totalmente desesperados, totalmente desquiciados. Hicieron una cadena enorme de personas para que me tuvieran en sus oraciones, en su corazón, eso también ayuda”, comenta Antonio.

Dentro de su gravedad Antonio pensaba en su esposa, la cual sí tenía antecedentes como hipertensión y una ligera insuficiencia cardíaca. En su pensamiento la creía muerta, pues si él -sin ninguna enfermedad- estaba tan grave era de esperar lo peor para María Lourdes.

“Yo incluso no sabía que estaba en el Hospital Naval, yo me creía en una sala de terapia que en un lugar totalmente desértico que estaba custodiado por soldados, las cosas que yo pensaba, y frente a mí había un árbol que yo imaginaba como una mujer con muchos brazos que danzaba frente a mí como burlándose y yo cerraba los ojos y todas esas hojas se convertían en miles y miles de coronavirus”.

“Cuando volví en mí en medio de la gravedad, que ya salí del coma, que me quitan la intubación, en lo primero que pienso es en ella (su esposa) y ese fue para mí el momento más crítico, en que yo pienso que ella ha fallecido, por su enfermedad de base y los problemas cardíacos…pensaba que la había perdido, es la madre de mis hijos, pero es mi compañera de 46 años, la otra mitad de mi vida”.

Antonio recuerda que lloró en silencio al tiempo que confiesa ser “un hombre fuerte, me considero una gente entusiasta, de lucha, pero pensaba que no iba a ver más nunca a lo que sustenta mi vida, porque es eso, la esposa, los hijos, los nietos batallando juntos por la vida. Es que se piensa en todo, hasta en desprendernos de las relaciones más íntimas que podemos tener todavía a nuestra edad, que son limitadas, pero están ahí presentes”.

“Recuerdo que una vez me pincharon por la ingle, por este lado, yo lo que sí veía es que continuamente me estaban suministrando medicamentos de todo tipo, interferón, antibióticos, yo no sé cuántos, yo no estoy exagerando, yo creo que diariamente eran 14, 15 veces que venían a suministrarme medicamentos”.

Tras su salida del hospital este cubano recuerda que “no tenía olfato, no tenía paladar, todavía no hablaba, te deja secuelas, a mí me dejó una lesión pulmonar, prácticamente un mes estuve sin caminar. Pude subir las escaleras de esta casa después de un mes, lesiones cutáneas, no podía dormir, el sueño trastornado”.

Pero no todo es malo, la pandemia también le hecho recobrar la fe en el prójimo.

“Hubo un momento en que yo pensé que los valores se habían perdido, todos: el sustento moral, espiritual, de solidaridad, de ayudar al prójimo, de cooperar, de compartir el pan y el alma, y he visto cómo los vecinos han acudido sin que tú los convocaras, sin que tú le pidieras nada, tocándote la puerta y a veces sin pedirles nada te decían: te traje esto, te boté la basura, te busqué la comida”.

Antonio ejemplifica que “unos artesanos hicieron 10 camas para un hospital, una cooperativa se fue con un camión de viandas para un hogar de ancianos, ese espíritu de solidaridad que estaba ahí, que yo pensé era como los dientes de leche, que se caían, porque no tenían calcio y, sin embargo, bastó para que esta situación se produjera, lamentablemente, para que ese espíritu saliera otra vez con mayor fuerza que nunca”.

Finalmente, el habanero agradece a todo el personal médico que lo atendió en el Hospital Naval “Luis Díaz Soto”. “Ese equipo de enfermeros, técnicos, médicos, me dio la posibilidad de vivir por segunda vez”.

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