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El mercenarismo en el castrismo

El proyecto mesiánico de Castro consistía en “exportar la revolución”, pero no para liberar pueblos ni para instaurar justicia social
Mercenarismo cubanos
Decenas de miles de jóvenes cubanos han sido enviados a combates lejanos, sin vínculo alguno con los intereses nacionales. (Captura de pantalla © Telebandera – YouTube)

La llamada Revolución Cubana nunca se cimentó en valores humanos ni en principios éticos. Desde sus inicios estuvo marcada por el resentimiento, el oportunismo y el cálculo mezquino de su máximo líder, Fidel Castro. Cada acción política, cada discurso, cada aventura militar respondió a un solo fin: alimentar su ego enfermizo y consolidar su permanencia en el poder.

La exportación de la revolución como negocio

El proyecto mesiánico de Castro consistía en “exportar la revolución”, pero no para liberar pueblos ni para instaurar justicia social, sino para transformar a Cuba en plataforma de guerras ajenas que engrandecieran su figura. Desde Angola hasta Etiopía, decenas de miles de jóvenes cubanos fueron enviados a combates lejanos, sin vínculo alguno con los intereses nacionales.

El costo humano fue devastador. Investigaciones señalan que más de 13.000 cubanos murieron en las guerras africanas, víctimas de una ambición ajena y de la sed de protagonismo de un dictador.

El periodista Norberto Fuentes, exmiembro del círculo cercano a Castro, documentó cómo el régimen convirtió esas intervenciones militares en un lucrativo negocio: los soldados cubanos eran literalmente “alquilados” como fuerza mercenaria.

Cuba: sangre a precio de mercado

Cubanos en la guerra Rusia Ucrania
El mercenarismo, disfrazado de “internacionalismo proletario”, no solo arrastró a miles de jóvenes a la muerte, sino que hipotecó la dignidad nacional. (Captura de pantalla © Telebandera – YouTube)

La práctica consistía en enviar tropas enteras a cambio de beneficios económicos y estratégicos. “El gobierno cubano recibía divisas por cada soldado desplegado y tarifas superiores por cada oficial”, señalaba un informe desclasificado de la CIA en la década de 1980. La sangre cubana se convirtió en mercancía barata para los caprichos geopolíticos de Castro y sus patrones soviéticos.

Este mecanismo de mercenarismo disfrazado de “internacionalismo proletario” no solo arrastró a miles de jóvenes a la muerte, sino que hipotecó la dignidad nacional. Lo que se presentó como altruismo revolucionario, en realidad era negocio, tráfico de vidas y propaganda.

El narcotráfico y la guarida de delincuentes

Pero el mercenarismo no fue el único vínculo del castrismo con actividades indignas. En 1989, el proceso contra el general Arnaldo Ochoa reveló conexiones directas con el narcotráfico internacional. Aunque el régimen utilizó el juicio para sacrificar chivos expiatorios, quedó claro que la cúpula estaba implicada en transacciones con carteles de droga en América Latina.

Cuba se convirtió además en refugio de terroristas, prófugos y asesinos internacionales, desde miembros de ETA hasta grupos guerrilleros latinoamericanos. La isla fue guarida de causas sucias, siempre bajo la narrativa de “solidaridad”, cuando en realidad primaba el cálculo político y la supervivencia del régimen.

De África a Ucrania: la continuidad del mercenarismo

Hoy, más de tres décadas después, la historia se repite. Diversas fuentes confirman que unos 20.000 cubanos combaten como mercenarios en la guerra de Rusia contra Ucrania, enrolados bajo falsas promesas de empleo o directamente reclutados como carne de cañón.

Ya hay reportes de cientos de muertos cubanos en esa contienda, cuyos nombres se suman a la larga lista de víctimas del mercenarismo castrista. Las denuncias indican que, como en África, existe un pago por cada combatiente enviado. La dictadura vuelve a negociar con la sangre de sus ciudadanos, subordinada, esta vez, a los intereses de Moscú.

Soldados cubanos
El gobierno cubano ha reconocido que existe una red de reclutamiento de jóvenes cubanos para la guerra de Rusia contra Ucrania, pero niega estar involucrado en este mecanismo. (Captura de pantalla © Telebandera – YouTube)

La verdadera herencia del castrismo

La historia es clara: la dictadura cubana fue mercenaria, corrupta y narcotraficante. Su legado no es de justicia ni de independencia, sino de explotación de su propio pueblo, entregado como carne de cañón a guerras ajenas y convertido en instrumento de negocios turbios.

El escritor cubano Carlos Alberto Montaner resumió esta tragedia con crudeza: “Castro convirtió a los cubanos en súbditos obedientes, en soldados de causas que no eran las suyas, en piezas de un ajedrez que él movía desde la soberbia y el engaño”.

Triste camino recorrido. ¿Para qué? ¿Para salvar qué? Las páginas de la historia juzgarán la desvergüenza y el cinismo de un régimen que se atrevió a mercadear la sangre de sus hijos.

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2 Comentarios

  1. … Al margen de la calidad del trabajo, del cual soy autor, es imprescindible destacar las valiosas imágenes que la redacción del periódico ejecuta para imponerlo como la verdad que demuestra. ¡¡¡Felicito al consejo de Redacción por ese trabajo tan artístico y valioso para enriquecer dichos trabajos … gracias!!! Atte., el Autor

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