
En Cuba falta el 95.1% de los medicamentos básicos, según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), un organismo cuya estructura está dentro del propio régimen castrista.
La tasa de faltante es un récord que refleja la ausencia casi total de medicamentos e insumos sanitarios tanto en hospitales como en farmacias. En Cuba no existe el sector salud privado oficialmente, pero ante el desabasto, los cubanos se surten de los comerciantes que importan medicamentos a título individual.
En términos prácticos, significa que el Estado no logra medir precios reales de casi todos los productos sanitarios porque no están disponibles en los puntos de referencia.
La crisis no es nueva. En diciembre de 2021, la división de Salud ya registraba una imputación del 50%. Luego subió al 56,6% en marzo de 2022, al 66% en agosto de 2023 y al 85% en septiembre de 2024. En noviembre de ese mismo año llegó al 90.9%.
Las imputaciones se aplican cuando los técnicos no encuentran determinados productos en el mercado y deben estimar su precio para mantener la continuidad estadística del Índice de Precios al Consumidor (IPC).
Aunque en 2025 hubo una aparente contención, marzo cerró con una imputación del 88.7% y abril impuso un nuevo máximo. La tendencia confirma que el desabastecimiento sanitario no responde a un episodio aislado, sino a una crisis enquistada desde hace más de cinco años.
La cifra también apunta a una realidad cotidiana: muchos cubanos dependen del mercado informal para conseguir medicinas, insumos y productos que deberían estar garantizados por el sistema estatal. Esa dependencia encarece los tratamientos y deja en desventaja a quienes no reciben remesas o no tienen acceso a divisas.
El deterioro del sector sanitario ocurre mientras el gobierno cubano mantiene un discurso de control y resistencia, pero los propios datos oficiales muestran una incapacidad estructural para abastecer farmacias y hospitales. La falta de medicinas impacta a enfermos crónicos, adultos mayores y familias que deben resolver por su cuenta.
La situación sanitaria se suma al repunte de los precios generales. Según la Onei, la inflación mensual fue de 1.5% en abril. El transporte subió 2.7%, con incrementos más fuertes en taxis y viajes interurbanos, en un contexto marcado por la escasez de combustible.
El transporte acumula un alza del 17% desde enero y del 21% interanual. En la calle, el impacto puede ser mayor que el reflejado en las estadísticas oficiales. La gasolina llega a venderse a precios muy elevados y los traslados cotidianos consumen una parte creciente de los ingresos familiares.
La alimentación también sigue presionando a la población. Ese sector es 21% más caro que en abril de 2025, mientras restaurantes y hoteles, donde se incluye comida preparada para llevar, registran un aumento interanual del 24%. Productos como leche, malanga y carnero tuvieron incrementos durante el mes.
En términos generales, la inflación oficial acumula un 7.18% en lo que va de año y un 14.7% interanual. Sin embargo, mediciones externas citadas en el contenido elevan la presión inflacionaria.

