
Una valiosa escultura del Inmaculado Corazón de María, tallada en mármol de Carrara, fue rescatada de la fachada de la Iglesia de Nuestra Señora de los Desamparados, en Santiago de Cuba, donde permanecía en riesgo de derrumbe desde el paso del huracán Melissa en octubre de 2025.
La brigada de mantenimiento del Arzobispado lideró la delicada operación, que requirió la ayuda espontánea de vecinos del barrio para poder concretarse y fue descrita como de “mucha tensión”.
Una virgen al borde del vacío en la loma de los desamparados
El huracán Melissa tocó tierra el 29 de octubre de 2025 como categoría tres, con vientos sostenidos de hasta 195 km/h, y su paso por la costa sur de Santiago de Cuba dejó una huella devastadora en el patrimonio religioso de la región.
Entre los daños más críticos, aunque menos visibles, quedó la base de la escultura del Inmaculado Corazón de María, ubicada en la entrada de la Iglesia de los Desamparados, en la calle San Fernando, en la conocida loma de los desamparados.
El derrumbe parcial del muro que la sostenía dejó hueca su cimentación, y la figura de mármol quedó suspendida a más de diez metros sobre la calle principal, sin apoyo firme, aguardando una caída que podía producirse en cualquier momento.
La intervención del Arzobispado y los vecinos
Fue el artista santiaguero Rubén Ajá Garí quien encendió la señal de alerta antes de que las autoridades eclesiásticas actuaran formalmente. A través de sus redes sociales, describió el peligro con precisión: “La imagen de la Virgen está en peligro, a punto de caer al vacío […] quedó hueca su base y cimentación, quedando en el borde a más de 10 metros de altura”.
También destacó el peso simbólico de la pieza para la ciudad, calificándola de “símbolo importante”, y convocó a sus seguidores a difundir la situación. La respuesta no tardó en llegar.
La brigada de mantenimiento constructivo del Arzobispado llegó con un plan. Lo que no tenían calculado era el peso real de la figura. La escultura, tallada en mármol de Carrara, resultó bastante más pesada de lo previsto, y la estrategia inicial tuvo que ser descartada en plena operación.
La tensión aumentó cuando quedó claro que los integrantes del equipo no eran suficientes para moverla. Finalmente, un vecino coordinó la incorporación de otros residentes del barrio, que acudieron al llamado y completaron la fuerza humana necesaria para sacar adelante el rescate.
La cronista del operativo y colaboradora de la iglesia, Mercedes Ferrera Angelo, lo describió desde adentro en la publicación oficial del Arzobispado: “Hubo momentos de tensión, también de alboroto porque todos querían opinar y hacer un plan de emergencia”.
Y luego, el desenlace: “De vuelta a la calma, con la ayuda de algunos vecinos, porque los hombres de la brigada resultaron pocos, se cambió la estrategia y finalmente se logró el objetivo: mover la imagen”. La escultura fue trasladada a la Biblioteca del Seminario, un espacio cercano y en nivel similar al de la fachada, con daños mínimos.
Pieza con historia propia en Santiago de Cuba
La imagen no es solo una decoración religiosa. Tiene raíces profundas en la historia de la ciudad: originalmente formó parte del Convento San José de las Siervas de María, en la calle San Jerónimo, frente al edificio que hoy ocupa la Facultad de Estomatología.
Fue adquirida con donaciones de familias santiagueras y reinstalada en la iglesia de los Desamparados, donde su blancura contrasta con el azul de la bahía.
No es el único patrimonio religioso afectado por Melissa: el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre perdió más del 80% de sus vitrales, y una estatua de ángel de mármol, caída durante el ciclón, fue restaurada hacia febrero de 2026 por el escultor José Duverger Aliaga.
La Virgen regresará con pedestal nuevo
El Arzobispado de Santiago de Cuba confirmó que la escultura volverá a su lugar una vez que esté listo el nuevo pedestal. “Así, quedará nuevamente en alto la imagen para recibir a todos los que se acerquen, escuchar sus súplicas, oraciones, recibir las flores que le ofrecen y mostrar su corazón amoroso a todos sus hijos”, escribió Ferrera Angelo.
Un final que cierra el episodio más urgente, pero que deja abierta una pregunta más amplia: ¿cuántas otras piezas del patrimonio cubano siguen expuestas, sin que nadie haya dado todavía la voz de alarma?

