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Exiliados cubanos temen el peor escenario: quedar fuera del reparto si cae el castrismo

Exiliados cubanos temen el peor escenario: quedar fuera del reparto si cae el castrismo
Raúl Valdés-Fauli, abogado y exalcalde de Coral Gables, contó cómo su familia perdió el Banco Pedroso en La Habana. (Captura de pantalla © Libre iniciativa – YouTube)

Cubanos en el exilio observan con expectativa y temor las conversaciones que sostienen Estados Unidos y Cuba y que podrían desembocar en un cambio económico-político en la Isla.

En Miami, familias que perdieron bancos, tierras, viviendas y negocios tras las expropiaciones de Fidel Castro, y que jamás fueron indemnizadas, creen que podría surgir una oportunidad para reclamar compensaciones o recuperar bienes.

Pero, al mismo tiempo, temen quedar fuera de cualquier arreglo si prevalecen intereses políticos o económicos sobre las demandas históricas de justicia. Uno de esos casos es el de Raúl Valdés-Fauli, abogado y exalcalde de Coral Gables, cuya familia perdió el Banco Pedroso en La Habana.

En entrevista concedida a la agencia AP, el veterano hombre rememora que en noviembre de 1960 un agente de la revolución llegó armado con una ametralladora, llamó gusanos a su padre y a su tío, y les ordenó abandonar el lugar. En cuestión de minutos, la entidad quedó bajo control del nuevo poder.

Valdés-Fauli recuerda que a su familia le dijeron que aquella institución pasaba a ser “el banco del pueblo”. Ni siquiera pudieron retirar las fotografías familiares que colgaban en las paredes de la oficina.

Casi siete décadas después, episodios como ese vuelven a cobrar fuerza entre los exiliados, no solo por la memoria del despojo, sino por la posibilidad de que un nuevo escenario político reabra reclamaciones que durante años parecieron condenadas al olvido.

La urgencia del tema ha crecido por el contexto actual marcado por amenazas de intervención militar del presidente Donald Trump en caso de que las conversaciones no lleguen a buen puerto y se cumplan las exigencias de Washington.

En parte del exilio cubano ha tomado fuerza la idea de que 2026 podría convertirse, por fin, en un año decisivo para un cambio de régimen en la Isla.

Sin embargo, esa expectativa convive con una fuerte desconfianza. Muchos cubanoamericanos temen que, si las conversaciones avanzan, sus reclamos queden relegados a un segundo plano.

Durante décadas, el régimen castrista ha sembrado el miedo de que el exilio busque recuperar las propiedades nacionalizadas. (Foto © Periódico Cubano)

La preocupación central es que un posible entendimiento priorice la estabilidad política o los negocios antes que la reparación a quienes fueron despojados por el Estado cubano tras la llegada de Fidel Castro al poder.

Ese escenario recuerda a varios exiliados lo ocurrido en Venezuela. La inquietud es que Washington termine pactando con sectores vinculados al poder, mientras las exigencias de democracia y justicia pierden espacio.

“Espero que no haga lo que hizo en Venezuela, que es mantener a los ladrones en el poder”, dijo Valdés-Fauli, reflejando una desconfianza extendida entre quienes han esperado durante décadas una salida que no los vuelva a marginar.

Uno de los asuntos más sensibles de cualquier eventual negociación sería el enorme volumen de reclamaciones legales. Actualmente, hay cientos de miles de posibles demandas de cubanoamericanos cuyas casas, empresas y tierras fueron confiscadas después de 1959.

Resolver ese universo de casos implicaría una tarea compleja, costosa y políticamente delicada, lo que alimenta la duda sobre si habrá justicia completa o apenas acuerdos parciales.

Entre quienes han mantenido viva esa causa está Nick Gutiérrez, presidente de la Asociación Nacional de Terratenientes Cubanos en el Exilio. En su casa conserva títulos de propiedad envejecidos, fotografías en blanco y negro y libros poco conocidos, entre ellos un ejemplar deteriorado de The Owners of Cuba, 1958, que documenta las 550 mayores fortunas tomadas por la revolución.

Gutiérrez asesora a familias del exilio sobre cómo buscar compensación por la colectivización forzada. Durante años, esa labor se movió en los márgenes legales porque no existía una expectativa real de que Cuba pagara por lo confiscado.

“Mucho de eso cayó en oídos sordos”, afirmó, al describir una batalla larga y solitaria que ahora, por primera vez en décadas, vuelve a parecer posible.

La reaparición de estas historias confirma que el exilio cubano no solo mira hacia un posible cambio político, sino también hacia una deuda material y moral acumulada desde 1959. Pero la esperanza no despeja la incertidumbre.

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