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Gaceta Oficial publica resolución del Ministerio de Economía que ahoga al sector privado

La dictadura militar también utiliza el control económico como herramienta de manipulación cultural
Gaceta Oficial publica resolución del Ministerio de Economía que ahoga al sector privado
Pese a las proclamaciones de flexibilidad y autonomía, el documento refuerza la centralización como piedra angular del modelo económico. (Foto © Periódico Cubano)

La reciente Resolución 135/2024 emitida por el Ministerio de Economía y Planificación de Cuba, publicada en la Gaceta Oficial, vuelve a exhibir la arquitectura de un sistema que se perpetúa en la centralización económica bajo el control del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Dicho documento, que define las directrices para la elaboración del Plan Económico Nacional 2025, combina un lenguaje cargado de metas ostensiblemente colectivas con contradicciones que evidencian la desconexión entre sus objetivos y la realidad que enfrenta el país.

El documento establece los lineamientos metodológicos para la planificación económica del próximo año. Entre los aspectos destacados, la resolución enfatiza:

  1. Mantener la planificación centralizada que significa conducir conscientemente el proceso de desarrollo económico y social del país.
  2. El incremento de la producción nacional para sustituir importaciones y reducir el coeficiente importado.
  3. La regulación de mercados mediante métodos indirectos que buscan eficiencia y equidad.
  4. La mejora de la calidad de la planificación y el aumento de la eficiencia en las empresas estatales.

Pese a las proclamaciones de flexibilidad y autonomía, el documento refuerza la centralización como piedra angular del modelo económico. Señala que la planificación centralizada es un “elemento distintivo” del sistema político, con una transformación metodológica que sigue bajo control gubernamental estricto. Esta contradicción deja claro que las supuestas autonomías otorgadas a actores económicos no son más que una herramienta discursiva para justificar el inmovilismo estructural.

Por ejemplo, el reconocimiento del papel de las formas de gestión no estatal como “demandantes y oferentes” en la economía no se traduce en un acceso equitativo a los recursos. Estas entidades dependen del Estado, quien decide arbitrariamente la asignación de insumos clave, perpetuando un sistema desigual que limita el crecimiento de sectores privados como las Mipymes.

La reiteración de balances de divisas, alimentos y energía, entre otros, evidencia cómo el Estado controla cada aspecto del proceso productivo. Sin embargo, esta estrategia ha fracasado consistentemente en garantizar el suministro básico a la población. El caso de los alimentos es paradigmático: a pesar de las promesas de incrementar la producción nacional, la falta de insumos, el acceso desigual a recursos y la burocracia han hecho que Cuba siga dependiendo de costosas importaciones para cubrir necesidades esenciales.

Además, el sector empresarial estatal, al que se le otorgan supuestas “autonomías”, está lastrado por la ineficiencia y el despilfarro. Las inversiones extranjeras, consideradas cruciales en el documento, también están mediadas por un sistema que prioriza los intereses de la cúpula gobernante (sobre todo del complejo militar GAESA), en lugar de fomentar verdaderos encadenamientos productivos que beneficien a la economía local.

La dictadura militar también utiliza el control económico como herramienta de manipulación cultural. La narrativa de la “resistencia” frente al “bloqueo” se refuerza constantemente para justificar la centralización y el fracaso económico. Esta retórica impregna los programas educativos y mediáticos, dificultando que las nuevas generaciones desarrollen un pensamiento crítico y cuestionen el modelo vigente.

La insistencia en que las dificultades económicas derivan exclusivamente de factores externos, como el embargo estadounidense, minimiza la responsabilidad interna del gobierno y perpetúa una cultura de dependencia y conformismo.

Cuba necesita un modelo económico que priorice la libertad individual y la iniciativa privada como motores del desarrollo. La planificación centralizada, lejos de promover equidad, ha profundizado las desigualdades y limitado el potencial creativo de los ciudadanos.

Una economía liberal, con mercados abiertos y un marco regulatorio que garantice la igualdad de oportunidades, podría liberar a los cubanos de la dependencia estatal. El acceso equitativo a recursos y el fomento de la competencia podría transformar el panorama económico y social, ofreciendo una alternativa viable.

Es hora de imaginar un futuro donde el individuo sea el verdadero protagonista del desarrollo, sin cadenas ideológicas que limiten su crecimiento, ni cúpulas militares ni partidistas que vivan como chupa cabras del trabajo ajeno.

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