
El gobierno cubano comenzó a alquilar gasolineras Cupet a mipymes privadas sin anuncio oficial ni explicación pública, según ha podido comprobar esta semana una investigación del periódico independiente 14 y Medio.
Al menos un servicentro en La Habana, el Cupet Acapulco de Nuevo Vedado, ya opera bajo el control de una empresa privada, cuyo nombre ninguno de sus empleados quiso revelar, señal de que la crisis de gasolineras en Cuba entra en una fase nueva y desconcertante.
El medio independiente descubrió que el Cupet solo abastece a los negocios vinculados a dicha mipyme, después de cubrir una denuncia que surgió de un usuario de la app Ticket la semana pasada. El usuario describió el fenómeno como una privatización silenciosa disfrazada de gestión mipyme.
Mientras eso ocurre, la población enfrenta una sequía brutal de combustible. La aplicación Ticket lleva 11 días sin abrir turnos para comprar gasolina en dólares en La Habana y siete sin hacerlo en Matanzas, las dos provincias con más surtidores activos.
Las únicas opciones recientes aparecieron en Villa Clara con 420 turnos, Sancti Spíritus con 405 repartidos en seis jornadas y Cienfuegos con apenas 50 para cuatro días. Con el límite de 20 litros por turno, todo el país dispuso de 17.500 litros en una semana para consumo civil, apenas 1.500 diarios.
Esa cifra resulta ridícula para una nación entera. Cualquier gasolinera de tamaño medio en otro país despacha eso antes del mediodía.
Importación de diésel desde Estados Unidos: negocio millonario
La contradicción salta a la vista en las calles habaneras. Las gasolineras de Cuba permanecen cerradas, pero el tráfico de vehículos aumentó de forma notable desde el viernes pasado. Esa gasolina no proviene del crudo ruso del petrolero Anatoly Kolodkin, que necesita al menos 20 días de refinación y cuyo destino principal no son los surtidores públicos.
La pista conduce al norte. El Consejo Económico y Comercial EEUU-Cuba reveló esta semana que las compras de diésel y gasolina por parte de privados cubanos alcanzaron los 2.573.594 dólares solo en febrero. La administración Trump autorizó esas exportaciones exclusivamente para el sector privado de la isla.
Seis empresas estadounidenses manejan estos envíos a través de isotanques que zarpan desde Texas, Louisiana y el sur de Florida. Sus márgenes de ganancia oscilan entre el 20 y el 25 por ciento. El diésel domina el flujo comercial: 68 cargamentos sumaron más de 18.000 barriles en febrero. La gasolina registró apenas tres envíos por 161.100 dólares, según la Oficina del Censo de Estados Unidos.
Pero nadie garantiza que ese combustible termine donde debe. Jorge Piñón, investigador del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, lo expresó sin rodeos ante Telemundo: “No hay un sinnúmero de policías federales o agentes del FBI caminando por toda Cuba para asegurarse de que estos isotanques que están enviando se utilicen 100% en el sector privado”.
El desvío ya ocurre a menor escala. Choferes estatales que reciben entre 10 y 30 litros mensuales revenden su cuota completa en el mercado negro. El negocio les genera entre 50.000 y 100.000 pesos, unas diez veces su salario mensual.

