
Una serie de fallas críticas y la falta de supervisión adecuada de OceanGate contribuyeron directamente a la tragedia que acabó con la vida de cinco personas a bordo del sumergible Titán, según un informe detallado de 327 páginas publicado este martes por la Guardia Costera de Estados Unidos (USCG, por sus siglas en inglés).
Los investigadores concluyeron que la implosión del sumergible, ocurrida el 18 de junio de 2023 frente a la costa de Terranova, fue completamente “evitable”. En la tragedia, fallecieron el CEO de OceanGate, Stockton Rush, el buzo francés Paul-Henri Nargeolet, el multimillonario británico Hamish Harding, el empresario pakistaní Shahzada Dawood y su hijo de 19 años, Suleman.
El informe señaló que el ambiente laboral tóxico en OceanGate y las tácticas de intimidación dentro de la empresa fueron factores determinantes. Según los testimonios, empleados fueron despedidos o amenazados con despidos para evitar que expresaran preocupaciones sobre la seguridad.
Uno de los ejemplos más claros de la presión ejercida por la empresa fue el testimonio de Tony Nissen, exdirector de ingeniería, quien fue despedido después de negarse a aprobar una expedición planificada después de que el Titán fuera golpeado por un rayo.
Nissen también reveló que OceanGate no contaba con un oficial de seguridad designado, lo que dejó a la empresa sin la supervisión necesaria sobre las operaciones.

Los investigadores también hallaron que la falta de investigación y pruebas adecuadas del sumergible antes de las inmersiones resultó en fallos significativos en el diseño y la estructura del sumergible.
A pesar de los incidentes previos que comprometieron la integridad del casco del Titán, OceanGate continuó operando el sumergible sin realizar las inspecciones y mantenimiento adecuados, lo que culminó en una implosión fatal a las 10:47 a.m. del 18 de junio.
La tripulación experimentó varios problemas en una inmersión de prueba días antes del incidente, y algunos miembros del equipo reportaron que Rush estaba visiblemente frustrado, incluso llegando a decir que “haría la inmersión aunque le costara la vida”.
El informe también subraya la falta de supervisión externa y la ausencia de un marco regulatorio claro para las operaciones de sumergibles. OceanGate operaba sin cumplir con los estándares internacionales, lo que permitió al CEO tomar decisiones unilaterales que finalmente resultaron en la tragedia.

La concentración del poder en manos de Rush y la estructura de liderazgo ineficaz de la empresa fueron señaladas como factores clave. Además, las presiones financieras, como la solicitud a los empleados de renunciar temporalmente a sus salarios, agravaron aún más las condiciones de seguridad ya comprometidas dentro de la empresa.
El informe concluyó que, si bien las fallas dentro de OceanGate fueron un factor crucial, la ausencia de estándares nacionales e internacionales claros para los sumergibles complicó aún más la situación.
Sin marcos regulatorios adecuados, los protocolos operativos clave fueron dictados por Rush sin la debida supervisión. A pesar de todos estos errores, los investigadores reconocieron que la tragedia podría haberse evitado con una mayor inversión en pruebas y una supervisión más rigurosa.
OceanGate cerró sus operaciones poco después del incidente. Parte de lo mencionado en el informe, se comenta en un documental sobre el desastre que se encuentra en Netflix.

