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Huelga parcial de cuentapropistas por tope de precios en Villa Clara

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Huelga parcial de cuentapropistas por tope de precios en Villa Clara

En la primera jornada de la nueva política se aprecia escasez de transporte

Huelga parcial es la respuesta de los cuentapropistas en Villa Clara ante el tope de precios

Huelga parcial es la respuesta de los cuentapropistas en Villa Clara ante el tope de precios. (VANGUARDIA)

Este pasado lunes 12 de agosto entró en vigor la nueva política de precios topados, aprobada por el consejo de administración en Villa Clara, a los productos y servicios que ofertan los trabajadores privados.

La respuesta de los integrantes de este sector fue trabajar menos. En la capital provincial se apreció este lunes un déficit más acentuado de lo normal en la transportación de pasajeros, así como una disminución de las cafeterías y restaurantes regentados por cuentapropistas.

La estrategia es clara: desafiar al gobierno. Los métodos son varios: no trabajar u ofrecer el servicio al mismo precio de antes hasta que las aguas vuelvan a tomar su nivel porque la película de campañas y medidas políticas ya la han pasado varias veces y en cuestión de días o semanas la furia se detendrá.

Las populares motonetas, utilizadas en la transportación de los santaclareños fueron los primeros en hacerse sentir con su huelga parcial. Tal fue el impacto que la emisora provincial CMHW reconoció la tensa situación con el transporte.

Ese medio de comunicación admitió que muchos choferes se habían negado a trabajar este lunes, y habían parqueado sus vehículos al margen de la carretera, una decisión que congestiona las paradas y limita de manera considerable la movilidad en ciertas zonas de la urbe.

“Las motonetas que se mantienen trabajando ahora no van hasta el reparto José Martí, solo llegan hasta la Riviera, y te cobran 5 pesos, entonces tienes que bajarte y coger otra hasta el reparto si la encuentras. Todo está igualito, solo que hay menos transporte y pasas más trabajo”, comentó una santaclareña.

La política del gobierno es tirarle el problema hacia arriba al pueblo instándolo a denunciar a los que incumplan la ley pues al decir del gobierno “no hay suficientes inspectores” para estar en todos lados.

Es quizás el propio cúmulo de denuncias lo que más complejizará el trabajo de las autoridades fiscalizadoras, sobre todo si se toma en cuenta que existen miles de cuentapropistas por cada inspector de la Dirección Integral de Supervisión (DIS).

“El problema de los precios en Cuba no resuelve con inspectores sino con mayores índices de producción, tanto de bienes como de servicios. Hay que generar riquezas, y el estado cubano ha demostrado desde hace mucho tiempo que no sabe cómo hacerlo. Esas riquezas solo puede asegurarlas el mismo sector económico que ahora, una vez más, demonizan e intentan mostrar como causante de todas las desgracias: el cuentapropismo”, explicó un antiguo profesor del pedagógico Félix Varela, de Villa Clara.

“Ciertamente los negocios particulares tienen precios estratosféricos, pues han intentado prosperar a partir de las propias limitaciones y deformaciones de la economía cubana. El gobierno, como principal productor y proveedor de mercancías no ha logrado producciones razonables que aseguren la permanencia de ciertos renglones en el mercado interno o que sustenten aquella promesa de un mercado mayorista.

“Esa incapacidad productiva, inevitablemente, genera acaparamiento, pugnas entre el pueblo y los cuentapropistas para alcanzar determinados artículos deficitarios, y por supuesto genera sobreprecios”, explicó el profesor, quien a la vez reconoció que la gran mayoría del pueblo se alegra del tope de precios: Porque se les ha hecho creer que esta medida es la panacea para todos los males, sin embargo, de profundizarse esa política de topes los resultados serán otros, igual de lamentables: menor incentivos entre los cuentapropistas, desabastecimiento, un mercado subterráneo con precios todavía mayores, y el resultante crecimiento de las ilegalidades”, concluyó.

Otra estrategia utilizada por los vendedores de alimentos es retirar de las cartillas con el menú la fila de los precios. En los casos de los restaurantes la inventiva ha llegado hacer la creación de combos o completas con varios artículos y un precio final donde sea difícil sacar la cuenta del costo de cada producto por individual.

Por ejemplo, en una “completa” de cerdo con congrí y vianda + cerveza + ensalada + tachinos + dulce + café, y cuyo costo final sea de 200 pesos… ¿Cuál es el precio de cada alimento? ¿Se vendió la cerveza a 30 pesos como dispone la nueva política de topes? ¿Quién puede determinarlo?

De igual forma han actuado los carretilleros y vendedores de productos del agro. Ellos han eliminado la balanza para pesar y utilizan exclusivamente otras formas como los jarros o potes. Ya no encontrara una libra de guayaba o frijol, ahora es un “jarro de guayaba” y “un pote de frijoles”.

 

Con información de Cibercuba

 

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