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PERIÓDICO CUBANO

La muerte del gorrión que conmocionó al gobierno cubano

Historia de Cuba

La muerte del gorrión que conmocionó al gobierno cubano

El propio Capitán General, Domingo Dulce, integró la comitiva del entierro

La muerte y entierro del gorrion en Cuba

Cuba siempre ha sido una tierra de trascendentales hechos históricos, pero, a la par, también ha visto cómo acontecimientos aparentemente triviales se han convertido en materia prima para noticias en medios de comunicación y conversaciones del pueblo en general. Hoy te hablaremos de uno de estos últimos.

Ocurrió en el siglo XIX y quizás pudiera parecer, a priori, que carecería de interés para la audiencia de entonces, pero tuvo gran notoriedad e impacto en aquellos años.

Resulta que, en marzo de 1869, en plena Guerra de los Diez Años, un gorrión murió en la Plaza de Armas y ese suceso sacudió los sentimientos de varios militares y voluntarios fieles a la Corona española ¿Cómo pudo ser eso posible? Pues ese tipo de ave era un estandarte para quienes luchaban por mantener el estatus colonial de la mayor de las Antillas y, ante el deceso de uno de los miembros de dicha especie, varios elementos favorables al régimen decidieron hacerle un entierro, literalmente, por todo lo alto ‒su opulento sarcófago sería colocado en el castillo de la Real Fuerza‒. Se planeó, incluso, que se oficiaran servicios religiosos en homenaje a tan “excelso” animal.

Pero la cosa no quedó ahí: las principales arterias de la capital vieron cómo pasaba por ellas una suerte de cortejo fúnebre con los restos mortales del pájaro. El propio Capitán General, Domingo Dulce, integró la comitiva. Su esposa cargó con una ofrenda floral.

Luego se dijo que también recorrerían otras partes del país: en Cárdenas se vivió intensamente ‒arrojaron arroz a su paso‒; en Guanabacoa se rezó ante varias personalidades importantes del gobierno. Fue llevado a su última morada el 27 de marzo de 1869.

En medio de aquel contexto en el que crecía el descontento de miles de cubanos con la administración colonial, se extendía en algunos españoles y voluntarios cierto furor anti insurreccional. En Guanabacoa ocurrió, entonces, un hecho que podríamos asumir como consecuencia de todo lo anterior: un gato acabó con la vida de un gorrión y ya imaginan ustedes, amigos lectores, qué implicaciones podría tener eso.

Que un gato matara a un ave de este tipo podría tener múltiples lecturas recalcitrantes. Una de ellas: el minino tenía halo de mambí y, por ello, habría que ajustar cuentas con él ¿Qué ocurrió entonces? Las autoridades locales detuvieron al animal y lo colocaron en un cuartel de caballería al que nadie, excepto algunos funcionarios, podría tener acceso.

Habría que hacer algo pronto con el felino de marras y se celebró un consejo de guerra. La sentencia: pena de muerte por fusilamiento. Hay quien cuenta que luego un hombre de la iglesia estuvo junto a él en sus momentos finales para la extremaunción.

Finalmente, fue fusilado, pero ¿cuál fue el destino del gorrión al que había matado? Lo inhumaron en la propia fortaleza y lo colocaron en el propio cuartel, en una chica sepultura diseñada especialmente para él.

Tiempo después, se dice que un acaudalado catalán llegó hasta el lugar para reclamar que le devolvieran su mascota. Todo quedó en una simple reclamación con el objetivo de que las autoridades lo indemnizaran por la muerte de su gato.

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