
Para nadie es un secreto, ahora menos que nunca, que el reguetón, a pesar de sus controversias, ha ganado un lugar dentro del sistema cultural oficial cubano debido a su aceptación masiva y a la presión de su popularidad.
A medida que el género se profesionalizó y atrajo a una audiencia fiel, los espacios culturales estatales y los medios de comunicación, como la televisión y la radio, comenzaron a darle cabida, aunque con ciertas resistencias.
En un texto leído en La Jiribilla, publicado hace apenas unos meses, en 2023, se aborda una tesis: “transformar el reguetón” o al menos “modularlo”, para capitalizar su popularidad sin que desvirtúe la política cultural socialista.
El análisis de ese texto sugiere una “propuesta”, y esta es: aprovechar las herramientas de control cultural, como la educación musical y la regulación, para lograr un reguetón más acorde con los valores de la Revolución, promoviendo letras más cuidadas y una mayor riqueza musical.
De este modo, se podría no solo regular el contenido considerado nocivo, sino también promover expresiones que reflejen una sexualidad emancipada y un compromiso socialista. Es decir, regular este género musical para elevar el espíritu de la sociedad, creando un equilibrio entre la aceptación del reguetón como manifestación cultural y la promoción de valores que refuercen los ideales revolucionarios.
Semejante idea es de risa.
Peor aún le va al homófobo, todólogo e ideotólogo Ernesto Estévez Rams en un artículo publicado en La Joven Cuba en 2019, que levantó tantas ronchas, que el propio Harold Cárdenas salió en los comentarios a expresar su desacuerdo con buena parte de lo dicho e implorar otro análisis que se apartara de la generalización esgrimida como tesis por Estévez y que “vaya más allá de la crítica al género y profundice en la reacción de las instituciones, o las raíces del amplio apoyo social a las manifestaciones de marginalidad y misoginia que han invadido el reguetón.” Desconozco si ese segundo texto “defensor” del reguetón se escribió.
El propio autor del fatídico texto, ante las críticas, imagino, salió a lamentar “que algunos no hayan entendido el sentido de mi texto, que es más abarcador que hablar de un género”, pero la realidad inequívoca de lo escrito en él refleja en buena medida esa mirada de élite clasista hacia el género y es, resumida, esta:
- Visión colonial del latino: La visión impuesta del “latino” como un ser básico, impulsado por instintos primarios, ha sido diseñada por una ingeniería social externa que se infiltra en productos como el reguetón.
- Colonización cultural: El reguetón se presenta como una herramienta de colonización cultural que extrae elementos simplificados de las tradiciones para crear un producto banal que afecta la riqueza cultural.
- Reflejo de carencias sociales: El reguetón y otras formas de música humillante son reflejo de las limitaciones sociales y económicas internas, aunque también están influenciadas por invasiones culturales externas.
- Impacto del colapso soviético: La caída del socialismo soviético provocó una crisis ideológica en Cuba, afectando la capacidad de la Revolución para proyectar un futuro utópico y colectivo.
- Debilidad en el frente cultural: El shock inicial llevó a que se subestimara el poder de la ofensiva cultural capitalista, y los errores en la práctica política permitieron que el reguetón y otros productos degradantes prosperaran.
- Necesidad de una contraofensiva ideológica: Para contrarrestar la colonización cultural, se requiere una nueva contraofensiva revolucionaria que fortalezca los valores colectivos y recupere espacios culturales.
Y si este último punto no bastara para abordar la visión de estos nuevos “ideólogos” de la revolución cubana, el texto concluye que, para desterrar productos culturales como el reguetón, es necesario crear una sociedad más plena, con un actor social más ideológicamente desarrollado, siguiendo el concepto del “hombre nuevo” de Che Guevara.

