
Sandro Castro, nieto del fallecido dictador cubano Fidel Castro, volvió a generar debate en redes sociales tras participar en una dinámica de preguntas y respuestas en Instagram, donde le cuestionaron sobre los privilegios asociados a su apellido y su posición familiar.
Durante la interacción, uno de los usuarios le preguntó: “¿Qué se siente llevar el apellido Castro y tener ventajas sobre el resto?”. A lo que Sandro respondió: “No entiendo a qué ventaja se refiere? Yo soy de pueblo igual que todos”.
Sandro, conocido por su próspera actividad empresarial, siendo propietario de varios negocios a corta edad, ha decidido en los últimos tiempos usar las redes sociales para proyectar una imagen cercana y humorística, en ocasiones intentando ironizar sobre la situación económica y los problemas cotidianos del país, como los apagones o la escasez de alimentos.

Lo cierto es que él no sufre esos problemas, él no es “de pueblo igual que todos”. Aunque ha buscado distanciar su figura del ámbito político, Sandro ha expresado públicamente su respaldo a su familia y al gobierno cubano, lo que demuestra su estrecho vínculo al poder impuesto de forma dictatorial en el país por su abuelo hace seis décadas.
Lejos de ser una figura irreverente, Sandro Castro evidencia los privilegios que intenta disimular sin éxito. Su discurso se mantiene dentro de los márgenes de la “crítica” tolerada por el régimen, funcionando además como una distracción que desvía la atención de los problemas reales que enfrenta el país.
En una reciente publicación en Instagram, el dueño del bar EFE respondió a la pregunta de si se consideraba un “joven revolucionario”: “Revolucionario sí. Comunista no. Respeto a mi país y gobierno”, afirmó en aquel momento.
En otra interacción, fue cuestionado sobre su situación económica y si se había convertido en millonario. Con desfachatez, respondió: “Para nada. Prefiero ser pobre de dinero y millonario de valores, rodeado de las personas que te quieren”.
Mientras sigue diciendo que todo lo que tiene es gracias a su esfuerzo propio, sus negocios continúan prosperando y diversificándose, en un contexto extremadamente difícil para la propiedad privada, como es Cuba bajo el comunismo. Además de incursionar en bares, transporte privado, venta de licores y redes sociales, Sandro Castro ha anunciado su entrada en el mundo de la música y la próxima apertura de su disquera, Castro Record.
Su ambición y los privilegios que le permiten actuar sin restricciones parecen no tener límites, pese a que su familia mantiene a la población en condiciones de pobreza bajo el pretexto de que todos son iguales y que solo importa la “dignidad”.

