
La desesperación por los apagones y la escasez en Cuba volvió a quedar expuesta en La Habana, donde las protestas se extienden por tercer día consecutivo.
Una madre cubana protestó contra el gobierno en medio de una noche sin electricidad, mientras vecinos golpeaban cazuelas y quemaban basura para denunciar que ya no pueden cocinar, trabajar ni sostener a sus hijos.
La escena fue captada por el corresponsal de CNN en La Habana, Patrick Oppmann, quien presenció una protesta en un barrio de la capital cubana marcado por los cortes eléctricos prolongados y el deterioro de las condiciones de vida.
“Hemos bajado 20 libras, ya no aguantamos más”, dijo la mujer ante las cámaras, en una frase que resume el desgaste físico y emocional que sufren muchas familias cubanas.
La madre afirmó que los niños están sin comer y sin asistir a la escuela. También dijo que las mujeres del barrio están desesperadas y con los nervios afectados por no tener cómo sustentar a sus hijos.
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Según el reporte, los residentes llevaban todo el día sin electricidad. En esas condiciones, denunciaron que no pueden preparar alimentos, trabajar ni desplazarse con normalidad debido también a la crisis del combustible.
En la oscuridad, decenas de personas salieron a la calle para golpear cacerolas y expresar su indignación. Algunos encendieron basura como forma de protesta ante la falta de respuestas oficiales.
Los vecinos señalaron que la situación resulta más injusta porque algunas zonas sí cuentan con electricidad, mientras barrios pobres permanecen durante horas o días sin servicio.
La mujer cubana también dijo que sus esposos ya no tienen trabajo, pues las empresas estatales han cerrado por falta de energía. Están interruptos en sus casas cobrando un bajo salario.
El gobierno cubano atribuye la crisis energética al embargo de Estados Unidos y a la falta de petróleo. Sin embargo, muchos residentes responsabilizan directamente a las autoridades que han permanecido en el poder por 67 años sin encontrar una solución para los problemas y en una posición de intransigencia donde lo último que les importa es el bienestar de la población.
Oppmann relató que varios manifestantes sienten que no tienen nada que perder. Algunos incluso afirmaron que ser arrestados sería preferible a seguir viviendo bajo esas condiciones.

