
El supermercado de 3ra y 70, recientemente inaugurado en los bajos del hotel Gran Muthu Habana, vende productos alimenticios con precios que son cuatro veces más caros en comparación con un Walmart en Estados Unidos.
Un equipo de Periódico Cubano se infiltró en la nueva tienda del conglomerado militar GAESA y recolectó fotos de varios alimentos que se expenden en dólares, a pesar de que el pueblo cubano no cobra el salario en esa divisa estadounidense.
El establecimiento en Miramar está ampliamente surtido con jamones, carne de cerdo, pollo y conservas de frutas y vegetales. Incluso una fuente reveló a nuestra redacción que para llenar los anaqueles de 3ra y 70 se ordenó sacar productos de tiendas en moneda libremente convertible (MLC), como el Centro Comercial de Flores, ubicado en 174 entre la 5ta y 3ra avenida, en el capitalino municipio Playa.
Por ejemplo, un kilo de mortadela de la empresa mixta cubano-española Bravo S.A tiene un costo de 7.2 dólares y solo se vende el tubo entero. La pieza completa cuesta más de 23 dólares.
Otro caso constatado por las cámaras de Periódico Cubano fue el jamón serrano, que tiene una tarifa de 26.15 el kilogramo. Al igual que en la mayoría de los embutidos, hay que comprar la pieza completa, que cuesta más de 140 dólares. Esa tarifa equivale a 21 salarios mínimos en Cuba.

Pero incluso producciones nacionales como la carne de cerdo y la morcilla se venden a precios exorbitantes. En el caso de una pierna de cerdo, el costo por kilogramo es de casi seis dólares. En EEUU cuando se compara una paleta de cerdo entera, el costo por libra oscila $0.89 y $1.33 dólares, según la región donde se encuentre ubicado el Walmart.
La apertura del mercado de 3ra y 70 ilustra una realidad palpable para muchos cubanos: solo una minoría con acceso a divisas o remesas puede acceder a ciertos bienes, mientras que el grueso de la población, que recibe ingresos en pesos cubanos (CUP), queda excluido. Pero incluso para aquellos que reciben remesas resulta un insulto comprar a precios que son cuatro veces más caros comparados con los productos a los que pueden acceder, los que envían las remesas desde el extranjero.

El discurso gubernamental, que niega la intención de dolarizar la economía, se contradice con las acciones concretas: ventas en divisas, tiendas en MLC (Moneda Libremente Convertible) y la exigencia de pagos en efectivo en dólares. La propaganda oficial de que existen “dolarizaciones parciales” para transitar hacia una economía desdolarizada resulta paradójica y genera desconfianza en la población.

