
El Observatorio Cubano de Conflictos (OCC) registró 684 protestas y denuncias en la Isla durante enero de 2024, una ligera reducción respecto a diciembre, pero con un aumento en la contestación ciudadana a las impopulares decisiones del régimen. La vigilancia en redes sociales no impidió que 132 manifestaciones fueran lo suficientemente audaces como para desafiar al Estado policial.
Las principales razones del descontento fueron el regreso de los apagones tras la tregua de fin de año, la muerte de nueve reclutas del Servicio Militar en la explosión de un polvorín en Holguín, la apertura de mercados exclusivos en dólares en medio de la crisis alimentaria y la excarcelación condicionada de presos políticos, suspendida tras la investidura de Donald Trump. Destacó la resistencia de los excarcelados, quienes ignoraron las restricciones impuestas por el régimen.
El acceso a la alimentación, la inflación y la crisis agrícola generaron 131 protestas. La inseguridad alimentaria se mantuvo debido a los altos precios, la caída en la producción agropecuaria y el incumplimiento del Estado con la libreta de racionamiento. La apertura de un mercado en dólares en Miramar fue calificada de “bofetada” por el humorista Ulises Toirac.
Los actos represivos sumaron 112 denuncias, reflejando que ni siquiera la liberación de presos políticos redujo la persecución contra opositores, activistas y periodistas independientes. La brutalidad policial cobró dos vidas en las cárceles de Camagüey y Mayabeque.
Las quejas por inseguridad ciudadana ascendieron a 76. Se reportaron 15 muertes violentas, 12 desapariciones y 31 robos, incluidos asaltos armados. En tanto, 61 manifestaciones evidenciaron la crisis de los servicios públicos, con apagones de hasta 16 horas y escasez de gas licuado.
La salud pública fue tema de 50 protestas, denunciando la falta de medicamentos, equipos rotos y el deterioro de hospitales. También se reportaron casos de negligencia médica y el colapso de programas preventivos.
En vivienda, 18 denuncias reflejaron desalojos, edificios en ruinas y el contraste con el derroche en hoteles vacíos, como el Iberostar de 42 pisos en La Habana, apodado “El Mirador de la Miseria”.
El OCC concluyó que el malestar social sigue en ascenso y que la falta de reformas mantiene a los cubanos atrapados en una crisis sin esperanzas, con un Estado que invierte en turismo mientras la población sobrevive entre apagones, represión y hambre.

