
La muerte del papa Francisco ha reactivado el interés por antiguas predicciones que vinculan el futuro de la Iglesia Católica con figuras de origen africano. Entre ellas destaca una interpretación de las cuartetas escritas en 1555 por Michel de Nôtre-Dame, conocido como Nostradamus, que menciona la llegada de un “Papa Negro” como señal de tiempos cruciales para la Iglesia.
Según algunos intérpretes, la sucesión de tres papas clave —un pontífice extranjero, un anciano y finalmente un “Papa Negro”— marcaría el inicio del colapso eclesiástico. Benedicto XVI habría sido el extranjero; Francisco, el anciano.
Ahora, con la sede vacante, el escenario parece propicio para el cumplimiento de esa predicción, según quienes estudian estos textos.

Conexión con la profecía de San Malaquías
Las conjeturas no se limitan a Nostradamus. También resurgen las visiones de San Malaquías, arzobispo irlandés del siglo XII, quien dejó una lista de 112 lemas proféticos atribuidos a los papas. Francisco ocuparía el lugar 111, mientras que el siguiente, denominado “Petrus Romanus”, sería el último pastor antes del juicio final.
Un detalle simbólico alimenta esta percepción: en la Basílica de San Pablo Extramuros, donde se exhiben los retratos de todos los pontífices, solo queda espacio para una imagen más tras la de Francisco. La coincidencia refuerza la idea de un cambio de era dentro de la Iglesia.
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Especulaciones actuales
En medio del cónclave, que reúne a 133 cardenales electores —33 de ellos africanos—, destaca el nombre del cardenal Peter Turkson, de Ghana. Ordenado sacerdote en 1975 y creado cardenal por Juan Pablo II en 2003, Turkson ha ocupado cargos de gran relevancia en el Vaticano. Su trabajo en el Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz, y más tarde en el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, lo posicionó como un defensor de la justicia social, la ecología y los derechos humanos.
La posibilidad de que un africano ocupe por primera vez el trono de Pedro se percibe como histórica. Su perfil progresista y su cercanía a las líneas de pensamiento impulsadas durante el pontificado de Francisco lo convierten en un candidato fuerte. Otros nombres, como el cardenal Robert Sarah, también africano, pero de corte más conservador, mantienen el abanico de posibilidades abierto.
El proceso de elección del nuevo papa se desarrolla en un clima de expectación inusual. Para quienes creen en las profecías, la Iglesia podría estar a las puertas de un momento decisivo.
Para otros, el cónclave representa una oportunidad de consolidar las reformas iniciadas en los últimos años. Más allá de creencias o supersticiones, el mundo observa atento una transición que podría definir el rumbo del catolicismo en las próximas décadas.

