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Programar no alcanza: régimen admite apagones de más de 70 horas

Trabajadores de la Empresa Eléctrica de Santiago de Cuba trabajando en medio de un apagón
Los apagones programados no han servido en absoluto para mitigar la crisis o mejorar la vida de los cubanos. (Foto © Empresa Eléctrica de Santiago de Cuba – Facebook)

El régimen de Cuba empieza a admitir poco a poco que está rebasado por la grave crisis energética que azota el país y ahora reconoce que las afectaciones ya superan las 70 horas continuas en algunos circuitos de Matanzas, debido a múltiples averías en subestaciones y transformadores.

La situación que se suma a los apagones prolongados que desde hace meses afectan distintas provincias, algunos de ellos programados, y aun así, insuficientes, para mejorar la calidad de vida de la población.

El reconocimiento ocurre en medio de una crisis energética que continúa profundizándose y que ha obligado al propio gobierno a aceptar públicamente limitaciones que durante años minimizó o atribuyó a problemas temporales.

Según la información divulgada por el diario oficialista Girón de Matanzas, autoridades eléctricas señalaron averías en subestaciones y daños en decenas de transformadores. Algunas afectaciones, según los propios reportes, arrastran problemas desde mayo y todavía no tienen solución.

La situación muestra un nuevo nivel dentro de una crisis que inicialmente era presentada como una serie de interrupciones ocasionales y que ahora incluye cortes que se extienden durante varios días seguidos.

Los llamados apagones programados ya forman parte de la vida diaria en gran parte del país, pero en varias provincias la duración real supera ampliamente los horarios anunciados.

En Santiago de Cuba, donde el gobierno había anunciado cortes de 22 horas con 2 horas de servicio, lo que ya era impensable, la población denunció cortes de más de 24 horas con breves períodos de servicio.

Algunas zonas incluso reportaron tener más de un mes sin el servicio eléctrico, lo que afectó también su distribución de agua potable, mientras otras zonas superan ampliamente las 48 horas seguidas.

También se han reportado situaciones similares en otras provincias. Comunidades en Sancti Spíritus permanecieron hasta siete días consecutivos sin servicio eléctrico.

El impacto va mucho más allá de la falta de iluminación. Los apagones prolongados alteran prácticamente todos los servicios básicos y afectan actividades cotidianas.

La conservación de alimentos se vuelve más difícil. Los sistemas de bombeo de agua dejan de funcionar con regularidad y aumentan las dificultades para cocinar, comunicarse o trasladarse.

La crisis también ha provocado problemas sanitarios. Reportes de medios independientes y testimonios de residentes señalaron preocupaciones por la acumulación de basura, dificultades con el acceso al agua y posibles afectaciones relacionadas con enfermedades gastrointestinales y otros problemas de salud.

Especialistas y organizaciones también han advertido sobre consecuencias menos visibles asociadas a estas condiciones prolongadas.

La incertidumbre diaria, la falta de descanso y la imposibilidad de mantener rutinas normales pueden generar agotamiento físico, que deriva en estrés crónico e irritabilidad con propensión a la violencia en familias que llevan meses enfrentando cortes constantes.

Mientras la Unión Eléctrica (UNE) continúa anunciando futuras incorporaciones de unidades generadoras, las propias autoridades reconocen que esas medidas no son suficientes y no tienen cómo cubrir las necesidades del sistema.

Para numerosos cubanos, los apagones dejaron de ser una situación excepcional y pasaron a convertirse en una condición permanente que continúa modificando su vida diaria.

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