
El director general de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, Lázaro Guerra Hernández, prácticamente confirmó que la crisis energética de Cuba no tiene para cuándo terminar, pues el país no cuenta con insumos para reparar todas las averías del sistema eléctrico nacional (SEN).
En entrevista con el oficialista Canal Caribe, el funcionario explicó que la disponibilidad del sistema se mantiene muy por debajo de la demanda prevista, en un momento en el que la Isla está produciendo prácticamente un tercio de la energía que necesita para operar sin problemas.
Durante la actualización diaria del estado energético, también confirmó que varias unidades permanecen fuera de servicio por averías o mantenimientos y que no existían nuevas incorporaciones para aliviar la situación durante la jornada.
Más allá de las cifras diarias, las declaraciones dejaron otro mensaje que muchos cubanos escuchan desde hace meses: la crisis eléctrica sigue sin una solución visible a corto o mediano plazo.
Mientras las autoridades hablan de recuperar capacidades y reparar equipos, continúan acumulándose problemas estructurales que afectan prácticamente todos los niveles del sistema energético.
La situación se agrava con las dificultades para sustituir transformadores dañados. Directivos de la Unión Eléctrica reconocieron que existe un déficit de estos equipos y que algunos modelos deben recuperarse o importarse debido a que no se fabrican en el país.
También señalaron que los robos de aceite dieléctrico y las sobrecargas generadas después de largas horas de apagón provocan nuevas averías.
La crisis energética cubana ha empeorado durante los últimos meses, al grado de que algunas comunidades han pasan días consecutivos sin electricidad, mientras otras enfrentan cortes diarios de muchas horas.
En Matanzas, por ejemplo, algunas zonas llegaron a acumular más de tres días seguidos sin servicio eléctrico, mientras en Sancti Spíritus la racha en algunas comunidades es de una semana sin energía. Las autoridades también han intentado reincorporar instalaciones estratégicas.
Uno de los principales esfuerzos recientes se concentró en la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, considerada una de las más importantes del país. Sin embargo, la planta ha sufrido repetidas averías y los intentos por devolverla a una operación estable no han logrado resolver el problema de fondo.
Las consecuencias ya superan el ámbito técnico. Los apagones afectan la conservación de alimentos, interrumpen el suministro de agua y alteran actividades básicas como cocinar, trabajar o descansar.
Miles de familias reorganizan sus horarios alrededor de los cortes eléctricos y muchas personas pasan noches enteras sin ventilación en medio de altas temperaturas.
También existen efectos menos visibles. Estudios recientes divulgados sobre la situación en Cuba han señalado un aumento importante de estrés, ansiedad y agotamiento emocional relacionado con los apagones prolongados.
La incertidumbre diaria y la falta de control sobre actividades básicas han comenzado a convertirse en una carga psicológica constante para gran parte de la población.
Las cifras y explicaciones presentadas por las autoridades muestran que el problema no parece cercano a resolverse. Mientras continúan las reparaciones y los intentos por recuperar generación, millones de cubanos siguen enfrentando una crisis que afecta tanto sus condiciones de vida como su bienestar emocional.