
Rebeca Martínez denunció recientes y pasados episodios de censura institucional en Cuba durante una entrevista concedida al canal Familia Cubana en YouTube, donde relató cómo decisiones administrativas y criterios discrecionales limitaron su carrera artística desde su juventud.
La legendaria animadora de 61 años, una de las figuras más populares del espectáculo cubano en las décadas finales del siglo XX, explicó que los primeros conflictos surgieron cuando aún disfrutaba de una amplia visibilidad en escenarios y giras nacionales.
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Aquella exposición, lejos de traducirse solo en oportunidades, también trajo consecuencias personales. Según contó, el nivel de atención que despertaba generó situaciones de inseguridad durante los viajes, marcadas por el acoso de hombres en distintos contextos fuera de La Habana.
Ante ese escenario, la artista tomó una decisión que buscaba protección personal. Solicitó a los organizadores de una gira autorización para que su madre la acompañara. De acuerdo con su testimonio, la petición recibió inicialmente una respuesta favorable, pero cambió de forma abrupta poco antes del inicio de las presentaciones. Martínez optó por no asistir si su madre no podía viajar con ella.
La consecuencia fue una sanción directa. “Fui sancionada porque pedí ir a unos carnavales con mi mamá. En un principio me dijeron que no había problemas, pero el día antes me dijeron que mi mamá no podía ir. Y yo dije: ‘Si mi mamá no va, yo no voy’. Y me sancionaron una cantidad de meses, el Ministerio de Cultura”, relató.
Esa decisión derivó en un período de exclusión que afectó su presencia en la televisión nacional. Martínez afirmó que no podía participar en programas habituales y que solo le permitieron intervenir en un proyecto vinculado al Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder).
Aunque recibió autorización puntual para rendir homenaje a la cantante Esther Borja, reconoció que, en términos generales, las oportunidades se redujeron de forma drástica. La situación se aclaró tiempo después, cuando pudo exponer su versión, pero el impacto profesional ya estaba hecho.
Lejos de tratarse de un episodio aislado, la vedette aseguró que la exclusión reapareció años más tarde bajo formas menos explícitas. Un presentador cercano le advirtió que figuraba en una categoría de “bajo perfil”, lo que, según su experiencia, implica quedar fuera de los espacios de mayor alcance.
Al solicitar explicaciones, recibió una respuesta que atribuyó la decisión a su edad. “Me dijeron que ya yo tenía mis añitos”, afirmó.
Para sectores del público y del gremio artístico, esa frase evidencia prácticas de discriminación etaria que persisten en instituciones culturales, incluso hacia figuras con trayectoria y reconocimiento.
Martínez, sin embargo, explicó que enfrentó el momento con entereza, apoyada en la formación familiar: “Yo soy muy fuerte, gracias a mis padres. Nunca los escuché quejarse; siempre fueron personas muy fuertes. Además, soy una persona muy centrada y no le doy importancia a muchas cosas”.
Su testimonio se suma a una lista creciente de artistas cubanos que han denunciado mecanismos de control y exclusión en el ámbito cultural, un tema que continúa generando atención entre la diáspora cubana interesada en el devenir del arte y la libertad de creación en la isla.

