
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, respondió a la derrota republicana en las elecciones intermedias con dos mensajes: ofreció colaborar con los demócratas y reivindicó su capacidad de vetar sus iniciativas.
Las proyecciones otorgan a la oposición el control de la Cámara de Representantes y del Senado, un escenario que condicionará los dos últimos años de su mandato.
Según Telemundo, los demócratas tendrían asegurados 54 escaños del Senado frente a 44 republicanos, con puestos pendientes de definición. Para la Cámara de Representantes, la cadena proyectó 258 escaños demócratas y 177 republicanos.
Trump rechazó interpretar el desenlace como una derrota personal. “No lo considero un revés para mí”, declaró durante una entrevista telefónica en directo con Fox News. “Hemos tenido los dos mejores años en la historia de la presidencia en lo que respecta a la economía y a todo lo que hemos hecho”.
El mandatario reconoció que sus adversarios “hicieron un buen trabajo” y admitió sorpresa por el rendimiento republicano. “Estoy un poco sorprendido. Tuvimos mítines muy multitudinarios”, afirmó. Durante la campaña había pedido a sus seguidores que votaran como si él también apareciera en la boleta.
En su intervención, Trump sostuvo que existen “muchas, muchísimas cuestiones” en las que podría colaborar con los demócratas. También descartó cambios en su gabinete como consecuencia de las elecciones, pese a la pérdida proyectada de ambas cámaras y los cuestionamientos dentro de su partido.
El presidente había dicho esa disposición en declaraciones a The New York Times. Aseguró que estaba “absolutamente dispuesto a aceptarlos”, en referencia a los resultados electorales, y manifestó interés en trabajar con la oposición. “Probablemente encontraremos una solución”, expresó.
Sin embargo, acompañó ese acercamiento con una señal de confrontación. En Truth Social publicó una imagen de una gorra roja con la palabra “VETO”, una aparente alusión a su facultad de bloquear legislación. La publicación colocó esa herramienta presidencial en el centro de su reacción al nuevo escenario político.
Antes del cierre de las urnas, Trump había dicho a CBS News que estaba preparado para vetar iniciativas demócratas. Días antes también había planteado que bloquear propuestas de sus adversarios podría abrir negociaciones.
Ambas posturas muestran una estrategia que combina la búsqueda de acuerdos con la presión sobre el próximo Congreso. El mandatario responsabilizó a los candidatos republicanos de su desempeño. “Pensé que les iría mejor”, dijo a Fox News.
“No inspiraron a la gente a salir a votar. Y yo no estaba en las papeletas. Si hubiera estado, habrían salido”, añadió, aunque reconoció la influencia de los elevados precios de la gasolina.
En Truth Social insistió en esa interpretación: “No me presenté a las elecciones y, de haberlo hecho, ¡habríamos ganado por una aplastante mayoría! Gracias por su atención a este asunto”.
Uno de sus blancos fue Greg Abbott, derrotado por la demócrata Gina Hinojosa en la gobernación de Texas. Trump atribuyó el revés a un supuesto giro moderado del gobernador, pese a que en septiembre había reiterado su respaldo a su reelección y a los candidatos republicanos del estado.
Dentro del Partido Republicano comenzaron los reproches. Según Bernd Debusmann Jr., corresponsal de la BBC en la Casa Blanca, algunas figuras señalaron a quienes impulsaron la guerra con Irán, mientras otras responsabilizaron directamente a Trump. La economía, los altos precios y ese conflicto figuraron entre las preocupaciones del electorado.
El comentarista conservador Ben Shapiro recordó que Trump había presentado los comicios como un referendo sobre su gestión. “Creo que, en cierto modo, el presidente sí estaba en la boleta”, sostuvo. Esa lectura cuestiona el intento presidencial de desvincularse de una campaña en la que participó activamente.
