
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, podría ordenar una acción militar contra Cuba si concluye que la vía negociadora fracasó y que La Habana solo intenta ganar tiempo, según la lectura expuesta por los analistas Sebastián Arcos y Miguel Cossío en entrevista con Mario Pentón para Martí Noticias.
El análisis estuvo centrado en la supuesta carta enviada por Raúl Guillermo Rodríguez Castro a través de un emisario. El debate giró en torno a la posibilidad de que el régimen cubano haya intentado llegar directamente al presidente estadounidense para esquivar al secretario de Estado, Marco Rubio, en medio de una creciente presión política sobre la Isla.
Sebastián Arcos fue uno de los más severos al valorar esa supuesta maniobra. La calificó de “burda” y “amateur”, al considerar que si el régimen quisiera comunicarse de forma seria con Washington, podría usar los canales diplomáticos regulares, incluida la embajada estadounidense en La Habana.
A su juicio, el uso de intermediarios cercanos al entorno familiar de Raúl Castro revela improvisación, temor al endurecimiento de la política estadounidense y el propósito de evitar a Rubio, a quien perciben como una figura frontal contra el castrismo.
En esa parte del intercambio apareció una de las ideas centrales del análisis: la lógica de Trump. Miguel Cossío sostuvo que el presidente republicano actúa de forma “transaccional”.
Según esa lectura, primero abre una ventana de negociación, luego presiona, eleva los costos, concede márgenes y, si entiende que la otra parte no avanza hacia el resultado que exige, sube de nivel.
En el programa compararon ese esquema con los casos de Venezuela e Irán, donde la presión no se agota en el discurso, sino que puede desembocar en medidas más agresivas.
Bajo esa premisa, Cuba no quedaría fuera del patrón. Arcos afirmó que una acción militar podría darse “prácticamente por garantizada” si ese ciclo se completa.
Su argumento parte de que Trump ya habría mostrado un método: propuesta inicial, presión estratégica y recurso a la fuerza cuando el adversario no entrega lo que Washington reclama.
En el caso cubano, estimó que la cúpula gobernante no renunciará de manera voluntaria al poder tras 67 años de control, por lo que el escenario de choque se volvería más probable.
El programa también subrayó un componente político y personal en la conducta del castrismo. Para Arcos, Raúl Castro asumiría una negociación forzada con EEUU como una humillación.
Esa percepción ayudaría a explicar por qué el régimen buscaría fórmulas indirectas, informales o paralelas en vez de sentarse de frente dentro de un canal institucional.
Desde esa visión, no se trataría solo de una disputa entre dos gobiernos, sino de una confrontación marcada por décadas de hostilidad, orgullo ideológico y resistencia del aparato de poder cubano.
Cossío añadió otro elemento decisivo: la línea marcada por Marco Rubio. Según resumió, la postura sería que no puede haber cambios económicos reales en Cuba sin un cambio de sistema político.
Esa premisa, señaló, explicaría por qué La Habana insistiría en puentear al secretario de Estado y apostar por un contacto directo con Trump. Sin embargo, el panel coincidió en que ese cálculo puede ser otro error de la dictadura, porque la política hacia Cuba luciría cada vez más alineada entre la Casa Blanca y Rubio.
Una incursión militar es una posibilidad real que no debe descartarse. También advirtió que no está claro qué forma tendría una eventual acción ni qué nivel alcanzaría.
Otro aspecto relevante es que la hipótesis militar apareció ligada a una estrategia más amplia. En el espacio se mencionó la posibilidad de investigaciones, persecuciones judiciales contra figuras del poder cubano y la existencia de esfuerzos multiagencia para examinar responsabilidades y nexos del régimen.
Bajo esa lectura, la presión sobre La Habana no se limitaría al plano castrense, sino que abarcaría también el frente legal, económico y de inteligencia.

