
La refinería de Cienfuegos reanudó sus operaciones tras cuatro meses de paralización total para procesar 100.000 toneladas de petróleo ruso, enviado a la isla como ayuda humanitaria ante la crisis energética nacional.
Según un reportaje de Canal Caribe, el combustible refinado no está destinado de forma prioritaria al consumo doméstico, sino a una red de servicios críticos y territorios estratégicos donde el Estado intenta contener el colapso energético.
Las autoridades aseguran que la calidad del petróleo ruso ofrece una “estabilidad perfecta” para las plantas, lo que permitiría mantener la generación en instalaciones eléctricas bajo fuerte presión por la falta de combustible y las constantes averías.
La distribución actual se concentra en el envío de diésel y fuel oil hacia la generación eléctrica. Entre los destinos señalados figura el grupo electrógeno de Cabaiguán, en Sancti Spíritus, así como hospitales ubicados en Matanzas, Ciego de Ávila y La Habana.
También se intenta enlazar por ferrocarril el suministro con Las Tunas para aliviar la crítica situación en las provincias orientales. A esa red se suman movimientos de camiones cisterna y embarcaciones hacia la Isla de la Juventud.
En total, de acuerdo con la versión oficial, unas 150 pailas salen cada día desde la terminal de Cienfuegos para mover derivados del petróleo ruso hacia puntos considerados sensibles por el Estado.
No obstante, ese flujo no se traduce en alivio para la población. En La Habana, la escasez de gasolina sigue provocando largas filas en los servicentros. En el CUPET de Bacuranao, los tickets superan los 10.000, una cifra que refleja la magnitud del desabastecimiento y el deterioro de la vida diaria.
La situación es todavía más crítica con el gas licuado. Aunque la televisión oficial afirma que se obtiene GLP para centros sociales, residentes de Cienfuegos denuncian que los cilindros no llegan a los hogares desde hace meses. Algunos aseguran no recibir suministro desde agosto del año pasado.
Las autoridades del régimen han admitido que el impacto del combustible procesado será limitado y que no resolverá la crisis estructural del sistema energético nacional.
“Continuaremos defendiendo el derecho soberano de Cuba a importar combustibles, sin permitir ningún tipo de injerencia ni presiones externas. Ya estamos trabajando en la descarga, el procesamiento, la distribución y el uso racional de este embarque, que, aunque insuficiente ante la grave escasez, aliviará gradualmente la situación en las próximas semanas”, afirmó el presidente Miguel Díaz-Canel tras la llegada del combustible proveniente de Rusia.
Especialistas en energía señalan que el volumen recibido apenas cubre una fracción de las necesidades diarias de Cuba, estimadas entre 90.000 y 110.000 barriles por día, frente a una producción interna que se sitúa muy por debajo de esos niveles.
El canciller ruso, Serguéi Lavrov, confirmó que seguirán los suministros, calificándolos como apoyo humanitario y subrayando la alianza histórica entre Moscú y La Habana.
La escasez se agravó con la suspensión de envíos desde Venezuela y México, dos de los principales proveedores históricos de combustible para Cuba, a causa de la presión y sanciones por parte de Estados Unidos.